Opinión

Metro sin soportes

Debemos insistir en que el metro subterráneo es la opción correcta para la capital.

15 de diciembre 2017 , 12:00 a.m.

De acuerdo con información de RCN Radio, la Procuraduría General de la Nación, por medio de una carta que firma el procurador delegado, Leandro Ramos, advirtió al gerente del Metro de Bogotá, Andrés Escobar, sobre la falta de soportes para la construcción del proyecto de metro elevado, o primera línea del metro de Bogotá (PLMB), como se le denomina oficialmente. El llamado de atención de la Procuraduría al gerente del metro corrobora todas y cada una de las denuncias que antes, durante y después del debate sobre la PLMB hizo el concejal Hollman Morris, a quien los incondicionales de la administración Peñalosa sindicaron de actuar “movido por intereses políticos”. También varios columnistas y medios de comunicación hicimos eco a las objeciones sólidas planteadas por el concejal Morris.

Ahora, la Procuraduría, en su carta al gerente Escobar, confirma que no está claro “el estudio de los documentos que hacen parte de la estructuración jurídica, técnica, financiera y de administración pública”, que soportarían la selección del modelo de metro para Bogotá. Advierte el Ministerio Público la ausencia de claridad sobre “la fortaleza del modelo de previsión y proyección de la transformación urbana ligada a las fases de construcción”. Se refiere precisamente al modelo de integración con los demás sistemas de transporte en la ciudad. Pide además la Procuraduría “velar por la inclusión en las cláusulas contractuales de mecanismos que aseguren la adquisición, producción y transferencia de conocimientos y tecnología a la ciudad y la Nación: en ingenierías, urbanismo y gestión pública y social, a los grupos o redes de investigación, educación y organización civil”.

En concepto de la Procuraduría la falta de los soportes técnicos deja sin garantías la transparencia en el proceso licitatorio. Por dicho motivo solicitó al gerente del metro entregar la documentación pertinente y los estudios requeridos.

El edificio se vendrá abajo, como le sucedió al pomposo Space de Medellín. Igual ocurrirá con la PMLB si las amonestaciones de la Procuraduría caen en oídos sordos.

Ya los críticos del proyecto del metro elevado, desde el concejal Morris y otros miembros del Concejo, unos pocos, hasta los expertos más idóneos y los columnistas más incómodos, hemos dicho que esos estudios no existen, y que la PLMB se aprobó a las volandas, sin examen alguno por la mayoría del Concejo, cuyos miembros escucharon las denuncias del concejal Morris como quien oye zumbar una mosca. La PLMB se acogió por los distintos organismos gubernamentales que la respaldaron, sobre unos simples diseños, algo equivalente a aprobar la construcción de un edificio con base en el diseño arquitectónico (la maqueta), sin el estudio de ingeniería. El edificio se vendrá abajo, como le sucedió al pomposo Space de Medellín. Igual ocurrirá con la PMLB si las amonestaciones de la Procuraduría caen en oídos sordos (lo más probable) y se insiste en continuar con el proyecto sin soportes técnicos ni estudios de factibilidad. El descalabro será fenomenal, bien porque la construcción del elevado se venga literalmente abajo, o bien porque, al carecer de ingeniería de detalle, los costos ilusorios calculados alegremente al ojo, resulten diez o quince veces superiores en la realidad. Tendríamos un Reficar urbano, peor que el de Cartagena, y la quiebra de Bogotá.

Una vez más, y las que sean necesarias, debemos insistir en que el metro subterráneo es la opción correcta para la capital, si se quiere estructurar un gran sistema multimodal de transporte urbano masivo (no invasivo), como lo tienen las grandes capitales y muchas de las grandes ciudades de provincia, en las que el metro elevado está obsoleto hace rato. El proyecto del subterráneo de Bogotá, que olímpicamente desechó la Administración actual, con la complicidad inexplicable del Gobierno Nacional, tiene completos los estudios técnicos (aprobados por los organismos internacionales pertinentes) que la Procuraduría echa de menos en el proyecto sin soportes del metro elevado de Peñalosa. Estamos a tiempo de evitar el desastre y de salvar a la capital de la república de un elefante blanco que la dejará en la ruina.

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Curiosísima (y preocupante) la entrega en la Registraduría Nacional de las firmas con que avalan su postulación los precandidatos presidenciales Germán Vargas Lleras y Gustavo Petro Urrego.

El doctor Vargas Lleras llegó con una comitiva vocinglera de trescientas personas que escoltaban a los dos camiones con no recuerdo cuántas cajas depositarias de cinco millones y pico de firmas, que respaldan la su solicitud para ser admitido como pretendiente en las presidenciales del próximo mayo de 2018. No quiere decir que esos cinco millones de ciudadanos vayan a votar por el candidato, sino que avalan su derecho a aspirar a la presidencia de la República por fuera de un partido político. En la misma posición está el doctor Petro Urrego, quien presentó ochocientos cuarenta y seis mil firmas de ciudadanos que consideran legítimo el derecho de Petro a competir por la presidencia.

Lo curioso y lo preocupante es que cuando llegó el doctor Vargas a hacer la entrega de las firmas salió a recibirlo el Registrador Nacional en persona, lo saludó con reverencia de súbdito y lo hizo pasar a la Registraduría por la puerta grande. Mientras tanto, funcionarios menores recibían en el parqueadero de la Registraduría el depósito de las firmas de Gustavo Petro. La inquietud que surge de ese hecho es: ¿Puede un funcionario que está obligado, como ninguno otro, a la imparcialidad más severa, pues se trata de materia electoral, demostrar de manera tan ostensible, para no decir que vulgar, su preferencia por determinado candidato? ¿Podremos confiar en que los resultados de la elección no serán fruto de esa preferencia por parte del funcionario que escruta los votos?

No digo que el registrador hubiera debido recibir a los dos, a Petro y a Vargas, con la misma cortesía. Digo que su deber es no recibir a ninguno, y que ambos han debido entregar sus firmas en el parqueadero, sin bochinche ni fanfarria, y sanseacabó.

Señora Procuraduría: ¿Está o no está en mora de ser investigado y destituido el Registrador Nacional del Estado Civil por su flagrante parcialidad hacia un candidato e intervención en política? ¿Tendremos los colombianos garantías irrecusables de la honestidad del escrutinio en las próximas elecciones, tanto parlamentarias como presidenciales? ¿O estamos en vísperas de imitar el modelo hondureño antidemocrático y vergonzoso?

Recomiendo al respecto la lectura de la columna de Cecilia Orozco en ‘El Espectador’ del miércoles 13 de diciembre. Muy interesante.

ENRIQUE SANTOS MOLANO

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