Opinión

Discriminaciones y exclusiones

Si continuamos con la moda de calificar como discriminatorias y excluyentes las opiniones que no compartimos, para taparles la boca, en lugar de utilizar argumentos que enriquezcan el debate, estaremos levantando una muralla de censura espesa y peligrosa contra la libertad de expresión.

04 de agosto 2016 , 04:48 p.m.

Se ha fermentado la polémica que comenzó por la instalación de baños mixtos en el Externado, anunciados como los heraldos de la lucha contra la exclusión y la discriminación. Enseguida vino la denuncia de la diputada de Santander Ángela Hernández sobre el uso de ‘manuales de convivencia’ en los colegios, textos que, en opinión argumentada de la diputada Hernández, constituirían “una colonización homosexual” de las niñas y los niños que inician su vida escolar. Las declaraciones de la diputada Hernández (miembro del partido de la Unidad) fueron replicadas por voceros del movimiento LGBTI y por una acción insólita del alcalde de Bucaramanga, que ordenó izar la bandera elegebetista en la alcaldía, al lado de las banderas de Colombia y Santander.

Las réplicas del terremoto se sucedieron muy rápido. El partido de la Unidad ordenó investigar a su diputada santandereana para verificar si con sus declaraciones incurrió en procedimientos discriminatorios, excluyentes y homofóbicos. Luego, un vendedor de helados bajó del asta la bandera LGBTI, con la explicación de que “no representa a las mayorías de Bucaramanga”, y otros grupos desfilaron frente al palacio municipal para exigir al alcalde, no que quite aquella bandera, sino que ponga también las oriflamas de las demás comunidades, so pena de incurrir, el señor alcalde, que también es de apellido Hernández, como la diputada, en un acto flagrante de discriminación y exclusión. Por su parte, el concejal de Bogotá Marco Fidel Ramírez ha pedido que se investigue al alcalde bumangués por extralimitación de funciones.

El origen de la batahola no son los baños mixtos del Externado, sino el manual de convivencia que el Ministerio de Educación Nacional (MEN) busca implantar en escuelas y colegios del país. Dicho manual procede del Fondo de Población de las Naciones Unidas-Colombia (UNFPA, por su sigla en inglés), que se define como “una agencia de desarrollo que depende directamente de la Asamblea General de las Naciones Unidas y cumple un rol único en el sistema: impulsar el mejoramiento de las condiciones de vida de las poblaciones alrededor del mundo, especialmente de aquellas en situaciones de vulnerabilidad y pobreza, en lo referente a su salud sexual y reproductiva, su relación con el medioambiente y el desarrollo, y las relaciones de igualdad entre hombres y mujeres”.

Hasta aquí, todos estamos de acuerdo. Los propósitos del UNFPA son por completo loables y constituyen un instrumento de suma importancia para la educación de las presentes y futuras generaciones colombianas. Lo que, según entiendo, ha originado el debate adelantado por la diputada Ángela Hernández y su queja acerca de una “colonización homosexual” en los colegios es precisamente el énfasis que pone el manual del Ministerio de Educación en montar la convivencia y la igualdad como un asunto de reeducación sexual que, de acuerdo con la redacción del manual, sí podría estar orientado a exaltar la sexualidad homosexual sobre otras manifestaciones y tendencias del sexo.

No es el manual de convivencia del MEN lo que me interesa tratar hoy. Solo les recomiendo a los padres de familia que no se marginen de este asunto, que consigan el manual (el MEN tiene la obligación de suministrárselo), que lo lean con detenimiento, lo discutan y decidan, junto con sus hijos, si esa es la educación que desean.

Las inquietudes que me suscita la polémica iniciada por la diputada Hernández se relacionan con las calificaciones de discriminación, exclusión y homofobia que le han endilgado en su propio partido. Estemos o no de acuerdo con la interpretación que ella le ha dado al manual de convivencia, es forzoso reconocer que en sus palabras se limita a expresar su pensamiento respecto a un asunto que es del mayor interés público: la educación. Si bien las opiniones de la diputada son críticas del manual por la tendencia del mismo a privilegiar la educación homosexual, no hay en ellas expresiones homofóbicas ni de irrespeto a la comunidad LGBTI.

Una cosa es enseñar en colegios y escuelas el respeto indeclinable por las ideas, las preferencias o las inclinaciones de cada quien, y otra es intentar un sesgado apoyo a cualquiera de ellas, de manera que a la larga termine por imponerse a las demás. Por otro lado, las opiniones, mientras no se salgan de los chiros, no son homofóbicas, discriminadoras, ni excluyentes. La homofobia, la discriminación y la exclusión están en la realidad de los hechos. Si continuamos con la moda de calificar como discriminatorias y excluyentes las opiniones que no compartimos, para taparles la boca, en lugar de utilizar argumentos que enriquezcan el debate, estaremos levantando una muralla de censura espesa y peligrosa contra la libertad de expresión y acabando con el análisis y el raciocinio sereno, sin los cuales no será posible edificar la paz ni una sociedad justa, igualitaria e incluyente.

El proceder del partido de ‘la U’ con la diputada Hernández es una amenaza vulgar y tiranuela contra una persona que quiso decir lo que pensaba, cuando lo correcto, lo democrático, hubiera sido estudiar lo expuesto por la diputada, y si se está en desacuerdo con ella, explicarle por qué, con argumentos sólidos y pertinentes; pero no tratar de intimidarla con investigaciones y censuras.

En cuanto al señor alcalde de Bucaramanga, su actitud resulta incomprensible. Como persona, está en el derecho de manifestar su discrepancia de las opiniones de la diputada. Sin embargo, un alcalde no es una persona sino un funcionario (y, en ese caso, asexual y apolítico), elegido por los ciudadanos para administrar la ciudad en beneficio de todos. El alcalde de Bucaramanga no tenía, ni tiene (salvo que se trate de un acto oficial), facultad para izar frente a la sede de la alcaldía una bandera (cualquier bandera) distinta a los estandartes de la nación y el departamento. El alcalde discriminó y excluyó, por ese hecho, al resto de las comunidades que integran, junto con la LGBTI, la ciudadanía de Bucaramanga. O están las banderas de todas las agrupaciones izadas y ondeando en la alcaldía, al lado de las oficiales, o no está ninguna. Eso es igualdad e inclusión.

Enrique Santos Molano

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