Opinión

Frases para revocar

En otras ciudades no usan el metro subterráneo por "sexy", sino por eficiente, rápido y cómodo.

23 de febrero 2017 , 09:30 p.m.

Aunque Ripley no lo crea, lo cuenta Eva en su programa de RCN. El alcalde Peñalosa ordena una encuesta interna entre funcionarios y empleados de la Alcaldía sobre quiénes votarían sí y quiénes no si hubiera una consulta revocatoria del actual mandatario distrital. Gana el sí, con un setenta por ciento, aunque Peñalosa y Ripley no lo crean.

El desprestigio del burgomaestre Enrique Peñalosa alcanza tales proporciones que si hiciera una encuesta entre sus familiares y amigos más cercanos, el sí por la revocatoria se impondría sobradamente, como lo hará si la hay en noviembre. En menos de un mes se han recogido más de 100.000 firmas que respaldan la solicitud ante la Registraduría o el CNE para convocar la consulta revocatoria.

No obstante, es obligatorio reconocerle al señor alcalde mayor Enrique Peñalosa su inmensa, casi infinita capacidad para decir necedades, una detrás de otra. Un candidato seguro al récord Guinness en la materia. Las frases del alcalde Peñalosa no son frases para evocar sino para revocar. De nada ha valido que sus amigos más sinceros le aconsejen al elocuente mandatario mantener la boca cerrada. A dos de sus frases lapidarias (“la reserva Van der Hammen no son sino unos potreros” y “los tranvías son unos juguetes”) les acaba de agregar el Alcalde una tercera, epítome de su gran conocimiento urbanístico: “A los ciudadanos les parece muy sexy el metro subterráneo porque no lo han usado”, pensamiento asombroso que complementó con otro similar: “A los ciudadanos no les gusta el metro (subterráneo), cuando ya tienen que meterse bajo tierra todos los días en unos túneles que huelen a orines con mucha frecuencia”.

Ignoro en qué metros se habrá metido Enrique Peñalosa. Con seguridad no en los de París, Londres, Berlín, Madrid, Caracas, Panamá, Nueva York, Ciudad de México o Buenos Aires, ni menos en el de Moscú, que es una obra de arte. Cualquiera que viaje a alguna de esas ciudades, que disfrutan metros subterráneos con más de diez líneas, se extrañará de ver cómo nadie se siente una rata cuando baja a tomar el subterráneo ni los túneles huelen a orines “con mucha frecuencia”. Debe ser que Peñalosa goza de una percepción y un olfato agudísimos, de los que carecen millones de ciudadanos que han usado el metro subterráneo por más de 100 años en más de 150 capitales.

Muy curioso, esa sensación que describe el Alcalde sí corresponde al padecimiento de los pasajeros de TransMilenio, amontonados como ratas en los buses

Muy curioso, porque esa sensación que describe el Alcalde sí corresponde al padecimiento de los pasajeros de TransMilenio, amontonados como ratas en unos buses apestosos, donde se suben vendedores de morcillas y otras ‘delicatessen’, donde se hace difícil respirar entre los apretujones, y donde los únicos que se mueven con agilidad inverosímil son los ladrones. Sin contar la contaminación atmosférica letal del diésel que los articulados expanden por la ciudad.

Además, apreciado alcalde Peñalosa, en Bogotá no podemos usar el metro subterráneo, pues nunca hemos tenido uno y por consiguiente no sabemos si es sexy o no sexy. Los parisinos tienen un metro que les gusta, que lo usan a diario, sin el cual París quedaría paralizada. En cambio, el 95 por ciento de los bogotanos no pueden juzgar si el subterráneo de París es “sexy”, dado que, por motivos ajenos a su voluntad, carecen de posibilidades económicas para viajar a la Ciudad Luz. Sé que los parisinos no usan el metro subterráneo, ni el tranvía, ni los buses (que de todo eso tienen en un sistema de transporte masivo multimodal) por “sexys”, sino por eficientes, rápidos y cómodos. Ese es el requerimiento básico para un servicio público de movilización de ciudadanos, y no que sea “sexy”, ni esbelto, ni elevado.

Elevado es el metro de Medellín. He oído que muchos habitantes de esa bella capital sueñan con el metro subterráneo. Están aburridos con la cantidad de tugurios y ventas ambulantes que pululan a lo largo de los bajos del elevado. Quizá el Alcalde de Bogotá les pueda explicar que esos tugurios son “sexys” y que, por lo mismo, él trabaja para dotar con ellos a la capital de la República mediante un tren elevado.

Se calcula que en mes y medio estarán listas las 274.000 firmas necesarias para solicitar la consulta revocatoria del mandato de Enrique Peñalosa. Nunca, en los veintiséis años que lleva de vigencia la Carta del 91, se ha empleado, o ha sido efectiva, esa facultad democrática consagrada en la Constitución; pero siempre hay una primera vez.

ENRIQUE SANTOS MOLANO

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