Opinión

Mala costumbre

Somos millonarios y pobres a la vez; todos tenemos un millón y todo cuesta un millón.

18 de abril 2018 , 12:00 a.m.

Pasó en el 2007 cuando el chavista original alzaba la voz en cadena nacional, ahora Maduro repite la hazaña de su antecesor en un intento desesperado de equilibrar la economía más irregular que ha tenido Venezuela. En aquel entonces pasamos del bolívar al débil bolívar fuerte, ahora este hombre que se atraganta con el hambre de los venezolanos quiere implantar un nuevo cono monetario, la pregunta es ¿lo logrará? Cuando ni siquiera ha podido sacar de circulación el billete de 100 bolívares.

Maduro ha fracasado en la política internacional, ha hecho que la sociedad venezolana se sumerja en un ambiente de posguerra, ha ahuyentado a la juventud, ha colaborado para que los enfermos mueran por falta de medicinas y empujado a los más desdichados a buscar comida en la basura, pero su inutilidad se evidencia en mayor medida en el retroceso de la economía.

La economía de Venezuela pasó de ser irregular a insólita, en este país el precio de un mismo producto comprado en un mismo local varía si el comprador paga con efectivo, tarjeta de débito o crédito. Se volvió a los tiempos del trueque cuando era común escuchar “te cambio un kilo de arroz por 3 rollos de papel higiénico”. Existen empresas que les pagan a los empleados con comida y personas que venden efectivo hasta en un 200 por ciento del valor del billete, por lo que se paga hasta 300.000 bolívares por un billete de 100.000.

La economía de Venezuela pasó de ser irregular a insólita. Se volvió a los tiempos del trueque.

Actualmente en Venezuela se utilizan dos conos monetarios porque el Estado no ha podido sacar de circulación un billete, tampoco hay quien acepte vender a crédito el papel necesario para imprimir el dinero suficiente para abastecer a todo el país y, aun así, el Gobierno quiere quitarle 3 ceros a la moneda y reinventar la economía como en su momento lo hizo Hugo Chávez, por lo que pasaremos de tener millones a tener miles.

Lo triste de la situación es que la población se está acostumbrando a pronunciar las cifras como si ya fuera 4 de junio, como si de alguna forma pudieran bajar la inflación con decir “1.000 bolos” Cuando en realidad se refieren a un millón.

Somos millonarios y pobres a la vez; todos tenemos un millón y todo cuesta un millón, pero el sueldo mínimo oscila los 5 dólares. Nos estamos acostumbrando a decir cantidades exuberantes que no valen nada sin darnos cuenta que al adaptarnos construimos nuestra propia destrucción.

La indiferencia del venezolano se ha convertido en un arma de doble filo, porque somos pobres y no nos importa, las personas mueren a nuestro alrededor y solo decimos “pobrecito” junto a la tumba y luego seguimos con nuestras vidas, adaptándonos a la miseria como si antes de morir ya durmiéramos en un ataúd.

ELLY HERNÁNDEZ
*Estudiante de la Universidad Católica Andrés Bello, Venezuela.

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