Opinión

Generación de héroes

El impacto de un gas lacrimógeno no se compara al dolor de una rodilla hincada frente a un tirano.

22 de julio 2017 , 12:00 a.m.

A finales del siglo XX, entre 1995 y 1999, nació en Venezuela una generación que hoy tendrá entre 18 y 22 años; una edad muy corta para una vida muy larga, y no precisamente por los años que fácilmente podrían contarse con los dedos de las manos, sino porque a estos jóvenes les tocó vivir en el mejor de los países, pero en el peor de sus momentos.

El mayor de ellos quizás tenga como primer recuerdo el momento en el que Hugo Chávez se puso la banda presidencial y nos condenó a todos. Con eso en la memoria, hoy, con 20, 21 o 22 años, sale a la calle con un escudo de madera, una vieja camisa alrededor de la cabeza, y sin olvidar pedirle la bendición a su madre porque ha visto cómo algunos nunca regresan o lo hacen con marcas de perdigones y gases lacrimógenos que los funcionarios, cuyas identificaciones también dicen ‘venezolano’, les disparan a quemarropa.

A 100 días del inicio de las protestas ya van alrededor de 100 asesinatos. La víctima más joven del régimen tenía 14 años, y la mayoría no supera los 25 años. Están matando el futuro del país, mientras el presidente se ríe en las caras de los ciudadanos porque solo les arrojan “gasecitos”. Lo peor del caso es que aún hay personas que culpan a los jóvenes que salen a la calle a protestar por una Venezuela en la que no les han dado la oportunidad de vivir, cuando se nota que están dispuestos a condenar su futuro para salvar el presente de muchos, incluso el de esa mujer que dice con desprecio que “por culpa de los ‘guarimberos’ no pude llegar al trabajo”, cuando esos ‘guarimberos’, como los llama, están ahí para que su hija de 3 años tenga qué comer cuando cumpla 4.

Aquí no solo se enfrentan venezolanos comunes contra élites corruptas, en Venezuela hay una lucha entre el intelecto y la fuerza bruta

Quien aquí escribe cuenta 19 años y no tiene un solo recuerdo de Venezuela antes de estar pintada de rojo, pero sí tiene uno de algo que pasó el 27 de junio del 2017, cuando el presidente del país del que nunca ha salido les declaró la guerra a los venezolanos por televisión nacional: “Si la revolución bolivariana llegara a caer, nos iríamos a la guerra y lo que no logramos con los votos, lo haríamos con las armas”, esas son las palabras con las que Maduro será recordado una vez vuelva a ser un chofer de metro en alguno de los países que votan por él en las reuniones de la OEA.

Esos jóvenes que no llegan a los 30 años y que van por la vida vestidos de blanco son también estudiantes, no importa cuál sea su universidad, importa que estén inscritos en una. Maduro, por su parte, ni siquiera tiene un título de bachillerato. Aquí no solo se enfrentan venezolanos comunes contra élites corruptas, en Venezuela hay una lucha entre el intelecto y la fuerza bruta, y aunque los asesinatos no dan fe de ello, los puños le temen al cerebro, y este a su vez les hace frente a las armas porque el impacto de un gas lacrimógeno en el pecho no se compara al dolor de una rodilla hincada frente a un tirano.

ELLY HERNÁNDEZ
* Estudiante de la Universidad Católica Andrés Bello, Venezuela.

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