Opinión

Las bibliotecas y el alma nacional

En todas sus tareas, la red de la BLAA se destaca por su vocación de servicio.

23 de febrero 2018 , 12:00 a.m.

Andrew Carnegie, el famoso filántropo norteamericano, observó en 1890 que entre los “mejores regalos” que se le podía hacer a una comunidad, la biblioteca pública ocupaba el “primer puesto”. No son regalos de ocasión. Exigen, como muchas cosas en la vida, permanente cuidado para su sobrevivencia.

Esta semana se cumplieron sesenta años de la Biblioteca Luis Ángel Arango. Aunque el Banco de la República venía coleccionando libros desde 1932, fue en 1958 cuando la BLAA se estableció de manera oficial. Desde entonces, los colombianos hemos gozado de un bien público precioso y apreciado.

Más que una sola entidad, la BLAA congrega una red de bibliotecas en un gran número de ciudades del país, además de prestar apoyo al Plan Nacional de Lectura, que busca “crear o reforzar unas 500 bibliotecas” en todo nuestro territorio. Una de las bibliotecas de la red, por ejemplo, es la Bartolomé Calvo, en Cartagena, a un costado de la plaza de Bolívar. Como todas las bibliotecas de la red, ofrece una serie de magníficos servicios alrededor de su tarea esencial: prestar libros.

Los logros de la BLAA son extraordinarios. Imposible hacerles justicia a sus extensas tareas en este apretado espacio –los invito a leer el perfil de la biblioteca escrito por el historiador Jorge Orlando Melo, quien fue su director: http://www.jorgeorlandomelo.com/blaaperfil.htm

Los logros de la BLAA son extraordinarios. Los libros son, claro, sus bases fundamentales. Pero la biblioteca es un centro único de irradiación de la cultura, en sus más diversas expresiones.

Importa, sin embargo, señalar algunos de los rasgos más notable de este valioso patrimonio colombiano, que, como señala Melo, está lleno de “inesperadas virtudes”. La BLAA no parece una biblioteca convencional, por su misma personalidad de múltiples facetas.

Los historiadores, por supuestos, nos sentimos cautivados por su colección de libros y manuscritos “raros y curiosos”, que desde hace algún rato solo pueden leerse con guantes. La Luis Ángel, observa Carl Langebaek, vicerrector de los Andes, ha sido fundamental para el trabajo de cualquier “investigador serio” en Colombia.

La importancia de la BLAA supera los valiosos aportes al desarrollo de la investigación en todos sus campos. Sus salas generales de lectura se llenan de estudiantes de escuela –un 30 por ciento de sus lectores a comienzos del 2000–. Para entonces, señala Melo, entraban diariamente a la BLAA unas 9.000 personas; la biblioteca, así, “con más usuarios presentes en el mundo”.

No hay necesidad de estar presente para gozar de sus servicios: “Desde 2003 existe la entrega a domicilio”. Sí, a domicilio: “Los libros (son) entregados y recogidos en la casa del lector”, un servicio con dimensiones nacionales desde 2004.

Y existe además una biblioteca digital cada vez más extensa. En 2005 se habían digitalizado unos 400 libros, disponibles gratis a través de internet, como también una impresionante colección de periódicos que datan desde la misma fundación del periodismo en nuestra historia.

Los libros son, claro, sus bases fundamentales. Pero la BLAA es un centro único de irradiación de la cultura, en sus más diversas expresiones. Su Boletín cultural y bibliográfico, rediseñado en la década de 1980, es quizás la revista más hermosa que conozco, cuyas páginas han promovido el desarrollo de las reseñas de libros, un género poco cultivado por la prensa diaria colombiana.

En todas sus tareas, la red de la BLAA se destaca por su vocación de servicio. Como señala la historiadora Aline Helg, su personal es “admirable en su atención al público”.

Algunas bibliotecas en el mundo, observó Alberto Manguel, han sido identificadas como el “alma nacional” de sus respectivos países. Hay razones para ver en la BLAA muchas de las conquistas y aspiraciones de nuestra accidentada trayectoria nacional.

EDUARDO POSADA CARBÓ

Biblioteca Luis Ángel Arango

Biblioteca Luis Ángel Arango, ubicada en la calle 11 # 4-14, en La Candelaria.

Foto:

Biblioteca Luis Ángel Arango

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