Opinión

Democracias periféricas

Muchos avances democráticos se originaron lejos de los centros mundiales del poder. 

21 de abril 2017 , 12:00 a.m.

¿Dónde y cuándo se inventó la democracia? Así se titula un ensayo del profesor John Markoff que suelo usar en mis clases ('Comparative Studies in Society and History', 1999). Sirve para ilustrar muy bien cómo lo que se conoce hoy como democracia no se inventó de la noche a la mañana. Y ofrece un relato histórico alejado, en sus respectivos momentos, de los principales centros del poder.

Muchos inventos de la democracia, sostiene Markoff, se originaron en la periferia. La periferia, hay que aclarar, entendida desde una perspectiva histórica. A fines del siglo XVIII, cuando algunas instituciones democráticas tomaban forma, Estados Unidos no eran potencia mundial alguna. Y allí tuvieron lugar algunas importantes invenciones. Otros inventos ‘periféricos’ son tal vez más obvios.

Mi ejemplo preferido es el del voto ‘secreto’ –considerado en la actualidad una de las principales garantías para el orden democrático– liberal. No siempre fue así.
El voto oral, cantado en público de viva voz, era la norma general en casi todo el mundo con elecciones durante el siglo XIX. Se consideraba una expresión de libertad. Una garantía contra el fraude.

En América Latina desde muy temprano, sin embargo, muchos países adoptaron el voto con papeletas, como ha mostrado muy bien J. Samuel Valenzuela para el caso de Chile. La Constitución neogranadina de 1853 introdujo aquí el ‘voto secreto’.

El voto femenino fue otra conquista antes periférica: el primer país que lo acogió fue Nueva Zelanda en 1893.

No obstante, aquel fue, si se quiere, un ‘voto secreto incompleto’. El que se conoce hoy como ‘voto secreto’ –es decir, una tarjeta electoral con el nombre de los candidatos, producida y distribuida por el Estado, que se deposita en una urna colocada en un sitio reservado– se inventó en Australia en 1856. Se lo llamaba ‘voto australiano’.

Tal ‘voto australiano’ solo fue emulado por los británicos en la década de 1870. Otros países europeos lo copiarían en las siguientes décadas. La práctica se generalizó en Estados Unidos a comienzos del siglo XX. Los chilenos la adoptaron en 1958. En Colombia, dicho desarrollo fue bastante tardío: data apenas de 1988.

El voto femenino fue otra conquista antes periférica: el primer país que lo acogió fue Nueva Zelanda en 1893, aunque hubo intentos anteriores en las provincias de Vélez (Colombia), San Juan (Argentina ) y algunos estados norteamericanos del oeste, Wyoming y Utah.

Cuando se trata de la universalidad del sufragio masculino, extendido a diversas razas y grupos étnicos, Latinoamérica se destaca por su temprana adopción, si bien hubo marchas atrás a lo largo del siglo XIX –“zigzag”, según la historiadora Hilda Sábato–. Pero sorprende registrar que en el Reino Unido, el principio elemental de ‘una persona, un voto’ solo se impuso finalmente en 1948 –algunas personas, en razón de su riqueza o pertenencia a algunas universidades, podían votar dos veces–.

Podría seguirse con otras instituciones que hoy se consideran parte de la familia democrática: los sistemas electorales, las constituciones escritas, la misma competencia electoral.

Las lecciones de este ejercicio no se encuentran en la banal tarea de identificar pioneros aquí o acullá. En efecto, como este breve recuento sugiere, unos países pudieron avanzar en una dirección y retrasar en otra.

La historia de la democracia, nos dice Markoff, es policéntrica, por lo que sería errado prestar atención “exclusiva o desproporcionada” a sus desarrollos en los centros mundiales del poder. Pero el mensaje de Markoff tiene una mayor relevancia actual. En medio de la prolongada crisis de la democracia de las últimas décadas, sus reinvenciones volverán a surgir, quizás nuevamente, de las periferias.

EDUARDO POSADA CARBÓ

Ya leíste 20 artículos gratis este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido
desde $10.999 al mes.

¿Ya eres suscriptor? Ingresa

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta gratis y pódras disfrutar de:

  • Acceso ilimitado al contenido desde cualquier dispositivo.
  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta gratis y disfruta de acceso ilimitado al contenido, desde tu computador, tableta o teléfono inteligente.

Disfruta del contenido sin límites

CREA UNA CUENTA GRATIS


¿Ya tienes cuenta? INGRESA