Opinión

Sustitución de cultivos: por una nueva vida

Como todo proceso innovador, es necesario hacer ajustes en la medida en que el programa avanza.

22 de junio 2018 , 12:00 a.m.

El Programa Nacional Integral de Sustitución Voluntaria de Cultivos de Uso Ilícito (PNIS) nació de los acuerdos de paz de La Habana no solo con el propósito de acabar con la producción de la materia prima criminal de un enemigo mundial llamado narcotráfico, sino también como un acto de justicia y generación de oportunidades en diversos territorios para miles de colombianos que soportaron más de medio siglo de conflicto armado en lugares recónditos del país.

Poco más de un año después de entrar en vigor, el programa ha demostrado que es viable y sostenible y que se está convirtiendo en el mejor camino para transformar la vida y generar desarrollo en el sector rural, con proyectos productivos rentables y de largo plazo.

Ha sido un proceso complejo, inédito, de trabajo conjunto, que enfrentó la desconfianza, la incertidumbre y la incredulidad de las comunidades, las mismas que hoy lo validan como una alternativa cierta.

Hoy 70.990 familias están vinculadas al PNIS en 3.053 veredas de 52 municipios, y ya levantaron o están levantando de raíz las matas de coca en más de 36.000 hectáreas. Los críticos censuran el hecho de que no hayamos cumplido la meta de sustituir 50.000 hectáreas en el primer año de vigencia del PNIS.

Hoy, miles de colombianos que antes sembraban coca y se movían en los riesgos de la ilegalidad han sentido por primera vez el apoyo del Estado.

La meta fijada no se alcanzará en 12 meses, pero sí en 14, gracias a un gran esfuerzo de las comunidades, de la Fuerza Pública, de los técnicos y servidores públicos del programa en el territorio, de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), del sector privado, del acompañamiento de las Farc y, como mencioné, de la voluntad política del Gobierno.

Hoy, miles de colombianos que antes sembraban coca y se movían en los riesgos de la ilegalidad han sentido por primera vez el apoyo del Estado y están emprendiendo proyectos productivos que van a garantizar el futuro de sus familias. Tienen la convicción de que el PNIS no puede detenerse, y yo respaldo esa decisión como director de este programa. Es una política de Estado y el fruto de un acuerdo de paz.

Como todo proceso innovador, es necesario hacer ajustes en la medida en que el programa avanza. En mi criterio, en el acompañamiento de la institucionalidad en el territorio y en una dinámica integral de la asistencia técnica y desarrollo de proyectos productivos.

El PNIS es una oportunidad histórica y debe avanzar de la mano de los campesinos, con una hoja de ruta clara, después de haber incidido en las zonas con mayores densidades de hoja de coca sembrada. Dentro tres o cuatro años podremos decir, si el programa continúa con una mayor dinámica, que los campesinos pasaron la página de la siembra de coca para vivir tranquilamente en la economía de la legalidad.

EDUARDO DÍAZ URIBE
* Director de Sustitución de Cultivos Ilícitos, Despacho de la Alta Consejería para el Posconflicto.

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