Opinión

Vivienda y exclusión

¿Hay cambio de modelo de megaproyectos VIS y VIP en la periferia?

09 de agosto 2017 , 12:00 a.m.

En un reporte reciente, el Instituto de Recursos Mundiales WRI estima que 330 millones de hogares en el mundo no cuentan con vivienda digna y que este valor puede crecer a 440 millones (30 %) para el 2025. Si no se hace nada, los asentamientos informales –invasiones, favelas, campamentos, villas, o el genérico en inglés ‘slums'– seguirán creciendo en países en desarrollo, incrementando la inequidad. Es una real amenaza para el sueño de convertir a las ciudades en motor de desarrollo, especialmente en África y Asia. En nuestro país, 2,2 millones de hogares tienen déficit habitacional. De ellos, 600.000 hogares tienen déficit cuantitativo (no tienen casa o viven en hacinamiento) y 1,6 millones necesitan mejoras de vivienda (déficit cualitativo), según BBVA Reserach Colombia.

El informe de WRI identifica tres grandes temas: el crecimiento de los asentamientos informales o debajo de estándares mínimos, el énfasis exagerado en la propiedad y el desplazamiento de la población de menores ingresos a la periferia. Si bien la proporción global de población que vive en condiciones inadecuadas ha bajado de 46 % de la población urbana en 1990 a 30 % en 2014, hay muchas más personas (cerca de 700 millones en 1990 a casi 900 millones en 2014). Esto debido al fenómeno de rápida urbanización, especialmente en el sur de Asia y África sub-Sahariana.

Para afrontar los asentamientos informales, WRI sugiere tratar de acomodar a las personas en los sitios donde ya viven, con vivienda digna gestionada de manera comunitaria. Llevarlos a otras partes destruye sus redes familiares y sociales y su mercado laboral. Como ejemplo, recomiendan revisar la experiencia del programa Baan Makong, de Tailandia, que enfoca los subsidios estatales en la formalización de la tenencia de la tierra y construcción comunitaria, y ha beneficiado más de 101.000 familias. En Colombia, un caso de éxito en vivienda social se ve en Medellín, donde familias en zonas de alto riesgo de desplazamiento fueron reubicadas en nuevas construcciones dignas en áreas cercanas, como parte de su estrategia de urbanismo social.

Un caso de éxito en vivienda social se ve en Medellín, donde familias en zonas de alto riesgo de desplazamiento fueron reubicadas en nuevas construcciones dignas en áreas cercanas

El tema de énfasis exagerado en la propiedad es también complejo porque afecta a aquellos que no tienen suficiente para apalancar crédito o tienen mucha movilidad.

Esto es especialmente importante para las familias que dependen de la economía informal (en Colombia, el 47 % de la población ocupada es informal). Como solución, los autores del reporte de WRI sugieren ampliar el mercado de renta, levantando barreras para los más pobres. Por ejemplo, citan el caso de Gautang, en Sudáfica, donde el Gobierno autorizó el arrendamiento de apartamentos en el patio trasero (antes ilegales) y ayudó a 687.000 familias a rentar vivienda. En Colombia, el mercado de arrendamiento no recibe incentivos, mientras que la propiedad se subsidia, descontando intereses de créditos de vivienda. El BID ha recomendado la ampliación de la oferta de vivienda para arrendar y la implementación de subsidios de arrendamiento para Colombia.

Por último está el desplazamiento de la población pobre a la periferia, ya sea por disputas legales a la propiedad dentro de la ciudad, altos costos de reconversión y limitaciones regulatorias a la renovación. Esto lleva a la ocupación de zonas de bajo costo, sin servicios públicos y, de forma frecuente, en riesgo de inundación o deslizamiento, por poblaciones de bajos ingresos. WRI sugiere la reconversión de usos de suelo en el interior, especialmente de tierra de propiedad pública. WRI cita el caso de la Comunidad de María Auxiliadora en Cochabamba (Bolivia), donde 420 familias cooperan para su solución de vivienda. En Colombia se han adelantado múltiples proyectos de vivienda de interés social en la periferia, que si bien contribuyen a solucionar déficit de vivienda (incluso con vivienda gratuita), quedan lejos de las oportunidades de empleo y rompen redes sociales. En México, este tipo de proyectos generaron una ‘tormenta perfecta’ para la expansión urbana y resultaron en barrios desocupados y con muchos problemas de criminalidad.

El urbanista canadiense Richard Florida, en un comentario sobre este reporte, indicó que la mejor forma de destrabar la máquina del progreso económico urbano es dar acceso a oportunidades a los millones de personas que viven en asentamientos y viviendas subnormales. Ellos conocen su entorno, y son capaces de movilizar los recursos y crear oportunidades. Solo necesitan un cambio de modelo de generar vivienda digna. ¿Podemos pensar en un cambio de paradigma en el modelo de vivienda social en Colombia? Tres buenas ideas: más creación de vivienda digna en la propia comunidad, mejor mercado de arrendamiento y más redesarrollo dentro de la ciudad.

* (Nota elaborada sobre la base de el blog de Robin King)

DARÍO HIDALGO

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