Opinión

Taxis y vehículos de Uber autónomos, ¿emoción o miedo?

Ignorar la llegada de nuevas tecnologías, como los servicios autónomos de Uber y nuTonomy, es un error; pero centrar las políticas públicas en ese camino sería un error más grande.

09 de septiembre 2016 , 04:44 p.m.

Llegó el futuro, o por lo menos está muy cerquita: el pasado mes de agosto, nuTonomy, una compañía tecnológica nacida en el MIT, inició ensayos comerciales de taxis autónomos en Singapur y Uber inició servicios ‘sin conductor’ en Pittsburg, Estados Unidos. Estos desarrollos se anticipan a las predicciones de distintas compañías y expertos, que indicaban que los carros autónomos estarían disponibles entre 2018 y 2022. Desde el punto de vista tecnológico, estos anuncios son emocionantes, aunque no sea claro si será una tendencia de rápido crecimiento o seguirá el camino de otras innovaciones en la industria automotriz como los vehículos de celda de hidrógeno o los carros eléctricos, cuyo crecimiento ha sido mucho más lento de lo esperado inicialmente.

Al leer los anuncios de nuTonomy y Uber de forma más detallada, es claro que se trata de ensayos, no de operación comercial totalmente autónoma. Aunque prestan servicio gratuito a terceros, los vehículos llevan empleados a bordo de los carros: un conductor listo para retomar el control y otro experto tomando datos y notas en su computador personal para generar reportes muy completos. Por ahora, la regulación no permite que los carros anden por ahí solitos. De cualquier forma, los experimentos son grandes pasos en automatización de carros, y serán útiles en reducir miedos, luego de graves incidentes del piloto automático (conducción asistida) de Tesla en EE. UU. y en China.

Como indica Robin Chase, fundadora de la compañía de carros compartidos Zipcar, la llegada de los carros autónomos puede ser un sueño que no solo nos regale el tiempo perdido en manejar, sino que además genere trillones de dólares de ahorro, salve vidas y reduzca emisiones. Los ahorros se darían si los vehículos son compartidos, si dejan de ser una propiedad individual que se queda estacionad el 95 % del tiempo. Las vidas salvadas vendrían de eliminar el error humano en la conducción. La reducción de emisiones se conseguiría con el uso de propulsión eléctrica a partir de fuentes limpias (hidroeléctrica, eólica, solar, geotérmica). Pero también puede ser una pesadilla de ‘carros zombis’ de gasolina dando vueltas desocupados alrededor de la cuadra (mientras esperan al dueño) o volviendo al garaje en la casa.

La clave, de acuerdo con sus análisis, es contar con regulación adecuada de las nuevas tecnologías, de la zonificación urbana y del sistema impositivo. Esto sugiere eliminar los mínimos de parqueo, exigir que los nuevos vehículos autónomos sean compartidos y eléctricos, y reemplazar impuestos a la propiedad por cargos por uso, de acuerdo con los kilómetros de utilización de la malla vial. Para Robin Chase es mejor reconocer el cambio que enfrentar el alto costo de no hacer nada. Esto es muy importante en los Estados Unidos, donde más del 90 % de los desplazamientos se realiza en carro.

¿Importa esto entre nosotros? De alguna forma sí, pero tenemos que ser cuidadosos. Nuestros viajes siguen siendo principalmente a pie, en transporte público y, de forma creciente, en bicicleta. Esto es algo que debemos preservar, no reemplazar por carros autónomos eléctricos compartidos. Resulta complicado acomodar más carros en nuestras calles, así sean ‘inteligentes’. Ya soportamos altos niveles de congestión, ¿se imaginan además con ‘carros zombis’ dando vueltas desocupados? ¿Y qué hacemos con la fuerza laboral?

Ignorar la llegada de nuevas tecnologías, como los servicios autónomos de Uber y nuTonomy, es un error; pero centrar las políticas públicas en ese camino sería un error más grande. Podemos concentrarnos en lo básico: buen diseño urbano compacto, de uso mixto, con espacios seguros para la circulación peatonal y de bicicletas, y transporte público de calidad. Al final, el transporte público es la forma más eficiente de compartir vehículos y usar el limitado espacio vial. Además, ya existe transporte público eléctrico y autónomo en el caso de 37 metros y en experimentos de pequeños buses. El rol de los carros autónomos compartidos eléctricos puede ser la conexión de último kilómetro y los viajes cortos en zonas de menor densidad, no el servicio completo en la ciudad.

Esto puede ser la base de una visión ‘triple cero’: cero muertes en incidentes de tráfico, cero emisiones contaminantes y cero propiedad individual. En un ámbito donde la prioridad sea la circulación segura de peatones, bicicletas y transporte público, los carros autónomos de Uber y nuTonomy (y los de Google, Volkswagen, GM, Ford, Toyota, Tesla, BMW, Daimler, etcétera) son bienvenidos. En cualquier caso se requiere una regulación fuerte y un proceso de transición adecuado como sugiere Robin Chase.


Darío Hidalgo
@dhidalgo65

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