Opinión

De monstruos y muros

Monstruos disfrazados de "fe" que acuñaron conceptos para negarse a reconocer diferencias.

14 de agosto 2016 , 12:48 a.m.

Hace unas semanas, el editorial de la revista ‘The Economist’ se refería a la gran división ideológica que hoy enfrentan Estados Unidos y Europa. Argumentaba que la división ya no es entre izquierda y derecha, sino entre apertura –comercial, migratoria– y aislamiento; entre promotores de la integración y el intercambio, y los que como Trump, en Estados Unidos, quieren erigir nuevos muros divisorios.

En Colombia el panorama es aún peor. La gran división que vivimos esta semana viene de visiones antagónicas: una, la de quienes creemos en el respeto por las diferencias, con especial énfasis en la protección de los derechos de las minorías, que suelen estar en riesgo de ser vulneradas. Y otra, la de aquellos que buscan aislar o negar a las minorías, construir un muro para que no existan.

Hoy, la excusa es la ‘ideología de género’. Ese es solo el vestido que arropa su odio y su oposición al intento por construir los cimientos de una sociedad pluralista.

Solo el año pasado se registraron 7.732 casos de menores de edad víctimas de maltrato físico, psicológico y maltrato por negligencia. ¿Por qué no hay marchas, carteles, indignación en esos casos? ¿Será porque esos niños no dan votos? No merecieron una marcha porque no sirven de excusa para camuflar el odio... Con seguridad, muchos de sus victimarios son ‘personas de bien’, no son ‘inferiores’, no tienen ‘averías’.

Esos promotores del odio –entre el clóset y detrás de símbolos religiosos– ocultan sus verdaderas intenciones. Y no solo no hacen nada para proteger a nuestros niños, sino que incendian y lapidan a quien intente hacerlo sin responder a su fanatismo enfermo.

Los recientes acontecimientos serán recordados como tiempos turbios en los que la discriminación, el odio y el miedo a reconocer las diferencias nublaron la mente de algunos que pretendieron someternos a su fanático credo. Monstruos disfrazados de “fe” que acuñaron conceptos para negarse a reconocer diferencias.

La gran división en Colombia tiene un tercer grupo que es aún más peligroso: los indiferentes. Los que actúan como si la defensa de la igualdad no fuera con ellos, y me recuerdan la famosa cita de Niemöller sobre la persecución nazi: “Primero vinieron por los comunistas y no dije nada, porque yo no era comunista. Luego vinieron por los judíos y no dije nada, porque yo no era judío. Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada, porque yo no era sindicalista. Luego vinieron por los católicos y no dije nada, porque yo era protestante. Luego vinieron por mí, pero, para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada”.

Soy zurda, estoy en condición de discapacidad, soy negra, soy indio, soy zambo, soy atea, soy cristiano, soy musulmán, soy judía, estoy gordo, soy bajita, creo en Bochica, soy trans, soy sindicalista, creo en Bachué, soy madre soltera, soy libros que no debes quemar, soy católica, soy vida, soy alegría, soy ganas, soy ritmo, soy solidaridad, soy empuje, soy inspiración, soy auténtica, soy resiliente, soy Colombia, ¡y en Colombia cabemos todos!

CECILIA ÁLVAREZ CORREA

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