Opinión

¿Son los hijos quienes causan el calentamiento global?

Culpar a los padres de todas las emisiones de toda su progenie en el futuro es simplemente ridículo.

27 de mayo 2018 , 02:37 a.m.

En todas las culturas, criar a un hijo se considera una de las acciones más gratificantes que una persona puede hacer. Sin embargo, un coro de activistas, científicos y periodistas sugiere que todos deberían pensar dos veces antes de procrear.

La emisora de radio pública de Estados Unidos, NPR, cuestiona: “¿Deberíamos tener hijos en la era del cambio climático?” La revista ‘The Nation’ quiere conocer la respuesta al siguiente interrogante: “¿Cómo puede usted decidir tener un bebé cuando el cambio climático está rehaciendo la vida en la Tierra?” ‘The Guardian’ aconseja a sus lectores: “¿Quiere usted luchar contra el cambio climático? Tenga menos hijos”. Y, el ‘New York Times’ advierte que tener un hijo es la peor acción ambiental que cualquier persona podría llevar a cabo.

Al tener dos hijos, una hipotética mujer estadounidense que tras tener el hijo comienza a usar un automóvil eficiente en combustible, conduce menos, recicla, instala bombillas eficientes y ventanas que ahorran energía haría un daño ambiental que alcanzaría “casi 40 veces más de lo que ella evitó en daños con las mencionadas acciones”. El año pasado, la tasa de fertilidad de Estados Unidos llegó a un mínimo histórico.

Hemos estado en esta situación anteriormente. En la década de 1970, el temor a la degradación ambiental y al colapso social llevó a algunas personas bien intencionadas a quedarse sin hijos. Los científicos y líderes de opinión que componen el Club de Roma hicieron su famosa (y errónea) predicción sobre el fin de la humanidad, y pronosticaron que el mundo se quedaría sin aluminio, cobre, oro, plomo, mercurio, molibdeno, gas natural, petróleo, plata, estaño, tungsteno y zinc. Abogaban a favor de detener el crecimiento económico, reducir el consumo y cerciorarse de que las personas tuviesen menos hijos.

Algunas personas en los países ricos siguieron este consejo. En 1972, los activistas estadounidenses fundaron la Organización Nacional para No Padres, que promueve el no tener hijos como un comportamiento “políticamente responsable”. Un artículo de investigación escrito en 1976 señalaba que el miedo a la superpoblación se había convertido en “una de las razones para permanecer sin tener hijos”. Uno se pregunta si los científicos sintieron remordimiento, o cuántos padres potenciales se arrepintieron, cuando las predicciones calamitosas terminaron siendo acciones que simplemente infundían temor.

Al igual que el Club de Roma, los científicos climáticos actuales argumentan en contra de tener hijos, al dirigir la atención a la carga ambiental que causa el aumento de la población del planeta. La mayoría de los análisis usan el enfoque establecido en un documento del año 2009 escrito por Paul A. Murtaugh y Michael G. Schlax, de la Universidad Estatal de Oregón, en el cual se responsabiliza a cada padre de la mitad de las emisiones de CO2 que, según lo proyectado, cada uno de sus hijos emitiría en el transcurso de su vida. Pero, el asunto no se detiene allí: a usted se le hace responsable no solo por la mitad de las emisiones de cada uno de sus hijos, sino también por la cuarta parte de las emisiones de sus nietos, de la octava parte de las emisiones de sus bisnietos, etc. En su escenario central, Murtaugh y Schlax esperan que en Estados Unidos, cada niño represente más de 20 toneladas de CO2 por año.

Este pronóstico es problemático en varios aspectos. En primer lugar, ese recuento de emisiones ya es un 20 % demasiado alto en comparación con la realidad actual. Además, Estados Unidos prevé que las emisiones personales caigan un 0,5 % cada año, antes del año 2050.

En segundo lugar, el abordaje que aboga por culpar a los padres de todas las emisiones de toda su progenie en el futuro es simplemente ridículo. De acuerdo con esta forma de medir la situación, nuestros antepasados que eran cazadores/recolectores fueron mucho peores para el planeta que cualquier multimillonario que hoy en día vuele en ‘jets’ por el mundo. Claramente, la decisión que su hija pequeña tome en dos o tres décadas sobre si debe o no tener hijos es su propia responsabilidad y opción.

La verdad es que un hijo adicional representa quizás 90 años de emisiones de CO2 (causadas en gran medida por una vida de consumo de productos y servicios, que son los que causan dichas emisiones), que en el peor de los casos se mantendría en torno al nivel actual de alrededor de 15 toneladas por persona al año. Eso suma 1.350 toneladas en el transcurso de este siglo.

Si realmente está preocupado por dichas emisiones adicionales, usted podría contrarrestar los daños causados por las emisiones durante la vida de su hijo con una suma aproximada de $ 23.400 (€ 19.600) en el sistema de comercio de emisiones de la Unión Europea. Si usted compra los certificados, obligaría a las compañías de energía y a otros a emitir exactamente 1.350 toneladas menos este año.

Para poner esto en contexto, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos estima que el costo de criar a un niño estadounidense de clase media hasta la edad de 17 años es de U$ 233.610. Claramente, el valor para los padres de tener un hijo vale más –probablemente mucho más– de U$ 233.610. Reducir las emisiones de CO2 al no tener un hijo tiene un valor no mayor de U$ 23.400. En términos monetarios crudos, los ‘beneficios’ de los hijos superan con creces sus ‘costos’ climáticos.

Y, sin embargo, las acciones para asustar a padres potenciales continúan. ‘El New York Times’ entrevistó a una mujer joven que dijo: “Sé que los humanos están programados para procrear, pero mi instinto hoy en día es proteger a mis hijos de los horrores del futuro al no traerlos al mundo”.

Esta retórica es tan equivocada como las predicciones del Club de Roma. Una encuesta mundial de todas las estimaciones científicas sobre los costos del daño causado por el cambio climático, que fue realizada por el panel de clima de las Naciones Unidas, halló que el calentamiento global en tiene este momento un costo neto de cero. (El estudio más pesimista identifica un costo del 0,3% del PIB mundial, y el más optimista, un beneficio neto del 2,3 %). Si no hacemos nada, se espera que los daños futuros alcancen el 2 % del PIB en medio siglo y entre 3 a 4 % a principios del próximo siglo.

Esto significa que el cambio climático ciertamente es un desafío que debemos enfrentar, y existe un argumento convincente para realizar gastos adicionales en la investigación y desarrollo de energías renovables. Sin embargo, asustar a las personas para que no tengan hijos niega a los padres potenciales lo que a menudo se considera una de las mejores cosas que la vida puede ofrecer, y se hace eso con el fin de lograr menos beneficios de los que se podrían comprar con U$ 23.400. Hacer tan poco bien ambiental a un costo humano tan grande es un mal negocio para todos.

BJØRN LOMBORG
Director del Copenhagen Consensus Center y profesor visitante en Copenhagen Business School.
www.project-syndicate.org

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