Opinión

‘Te mato porque te quiero’

En el imaginario nacional aún persiste la idea de que la mujer es propiedad privada.

30 de junio 2018 , 12:00 a.m.

En el imaginario nacional aún persiste la idea de que la mujer es propiedad privada. Si cada día 133 mujeres, en los últimos diez años, fueron agredidas por su pareja sentimental o un allegado (Medicina Legal, EL TIEMPO, 3-6-2018), queda claro que el género femenino en Colombia está lejos de disfrutar de algo parecido a una democracia en la que toma de modo autónomo sus decisiones. Saber que esas agresiones, en su mayoría, lo fueron por motivos de celos o desconfianzas implica un pensamiento posesivo y criminal en el que ‘si mi mujer me engaña con otro, la paga’.

Pero el asunto es más profundo. Quitarle la vida a quien amo, sea la compañera, hija o hermana, atenta contra un atávico principio psíquico de sobrevivencia de la especie. Cuando L. Strauss nos dijo que cultura es la palabra más corta posible: NO, es decir, no te comerás a tu madre como mito iniciador de la civilización, se extendía a que tampoco la matarás. Así que matar a quien se ama es quizá la mayor perversidad, ya que hace del objeto de amor el objeto por destruir, minando toda base de posible convivencia.

Al mismo tiempo que ello ocurre, esa misma mujer es estrella en el nuevo milenio desde el lado opuesto, en el que quizá más se puedan esperar cambios en sus relaciones con su pareja y su mismo cuerpo, como es su sexualidad, y, más en el fondo, en el placer y goce de este. La mujer, como gran protagonista del nuevo milenio, está rompiendo todos los moldes; en la sexualidad pide más, en el trabajo exige igualdad, en el hogar demanda compartir, en la familia impone libertad, y, frente a su oficio y profesión, no duda en que, al menos, lo puede hacer con la misma calidad e intensidad que los hombres.

La mujer, como gran protagonista del nuevo milenio, está rompiendo todos los moldes.

Si proyectamos estos guarismos, demostrables con estudios y estadísticas, a unos años, como lo hizo el filme 'Regreso al futuro', es posible toparnos con un mundo más en paz; quizá podamos decir que la lucha de clases ideada en el siglo XX nunca quiso entender que la mujer es seguramente el agente revolucionario más activo hacia el porvenir y que reconocerla no es tan simple como redimirse con el populismo de usar los adjetivos o los pronombres femeninos de ‘unos’ y ‘unas’ (hasta la ridiculez), sino que esa figura oprimida y arrinconada está saliendo no del clóset, sino de la casa del macho para nunca más volver. Cueste lo que le cueste.

ARMANDO SILVA
ciudadesimaginadas@gmail.com

Ya leíste los 800 artículos disponibles de este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido digital
de forma ilimitada obteniendo el

70% de descuento.

¿Ya tienes una suscripción al impreso?

actívala

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA