Opinión

Perros en cabina

Lo no humano se humaniza, y lo que era propiamente humano, en muchos aspectos, se deshumaniza.

15 de abril 2017 , 04:19 a.m.

¿Dónde está la inteligencia no humana? El tema se va imponiendo, y las inquietudes crecen desde la ciencia, la literatura, el cine, los medios y en el ciudadano común. Algo de la respuesta viene del desarrollo abarcador de las máquinas digitales, de las nuevas aplicaciones que se toman espacios urbanos, de los ‘call center’ y robots que actúan remplazando los modos de comunicación de cuerpos físicos y de sociedades interactuantes en tiempo y lugar.

Esas inteligencias que empezamos a reconocerle a lo no humano también vienen de la biología. Hoy se puede decir, sin que lo tachen a uno de loco, que una flor lo escucha o que se entristece y marchita si su dueño la deja de visitar y regar como lo hacía. Tampoco es despistado concebir la inteligencia de las bacterias, los primeros seres vivos que existieron en el planeta Tierra, diciendo que ellas, a su manera, claro, toman decisiones. Un conocido blog de cultura digital (F/Telefónica) colgó un ensayo con el título ‘Algunas bacterias piensan que el plástico es delicioso’, según el Instituto de Tecnología de Kioto en un estudio sistemático de comunidades de microbios que concluía que hay bacterias que se alimentan de esa materia.

La antropóloga María Garman acaba de publicar un estudio sobre fronteras de lo humano; cuando la vida humana pierde valor y la vida animal se dignifica. Cada vez somos más los vegetarianos: “Se desalienta el consumo de carne (...) y luchamos contra el maltrato animal”. Apenas dos semanas atrás, EL TIEMPO publicó la noticia de que el asesino de un oso en el parque nacional Chingaza sería encarcelado; al otro día se informó que las mascotas podrían, en United Airlines, viajar en cabina en los aviones, pero una semana después la misma aerolínea sacó de su puesto, arrastrado “como perro”, a un pasajero. Estos avances sentimentales tienen de trasfondo el hecho de correr las barreras de la inteligencia humana.

¿Acaso se ha sorprendido hablándole a su computador? ¿Brindándole palabras de cariño, poniéndole un nombre, regañándolo por su lentitud o prometiéndole una rosa (en calcomanía) y limpieza general si vuelve a prender? Los nuevos robots que cumplen tareas domésticas se irán humanizando más para responder a los afectos, la soledad y hasta al sexo. Lo no humano se humaniza, y lo que era propiamente humano, en muchos aspectos, se deshumaniza.

ARMANDO SILVAciudadesimaginadas@gmail.com

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