Opinión

La belleza imposible

En una época hiperconsumista el mundo real se torna cada vez más aburrido frente al imaginado.

29 de julio 2017 , 12:00 a.m.

Una chica colombiana subida de kilos se contoneaba ante un noticiero cuando confirmaba con sonrisas de orgullo que había sido elegida para ser la imagen de una nueva empresa de modelaje que lanzaría tallas grandes en Colombiamoda. Mostraba paz en su rostro, había ganado aquello de lo que creía carecer: la belleza.

Una persona bella en una época no solo de imagen, sino de hiperconsumo, que incluye consumir belleza impositiva, tiene más posibilidad de ser contratada para un trabajo que otra con igual formación. Infinidad de estudios, incluso con base científica, tienden a demostrar que una persona atractiva y alta, “bien presentada”, puede lograr mejores salarios y progresar más en su trabajo. Pero si somos justos, por las mismas razones la belleza provoca miedos.

No es extraño ver a las bellas solitarias e incluso arrinconadas

Una mujer linda genera envidias entre sus pares, que se traduce en matoneos y agresiones, y llega hasta a producir inseguridad a los hombres que pueden preferir las de apariencia común. No es extraño ver a las bellas solitarias e incluso arrinconadas. Esta complejidad crea preconceptos y ha hecho que se investigue la relación entre belleza e inteligencia (R. Steckel, U. de Ohio) en los que concluyen que las bellas no son tontas, sino que hay continuidad entre belleza a inteligencia; para neurocientíficos (L. Brizendine, cerebro femenino), quizá se deba a que por procesos de selección los más inteligentes enamoran a las más bellas y esta decisión se manifiesta en los nuevos genes. ¿Cerebro o cultura? De ambas fuentes bebe la estética.

La modernidad, con su cada día más impactante publicidad, entra en escena frente al dilema de la belleza, pues, a través de medios y de la industria de la moda, hace del cuerpo humano el objeto más manipulable, abriéndose una gran diferencia entre lo real y lo imaginado que produce ansiedad y frustración. El País (P. Ruiz, 19-7-2017) se quejaba de los medios y redes que personifican una imagen imposible de belleza delgada, escuálida, transparente e imposible en la vida real que termina “esclavizando el cuerpo de la mujer por las apariencias”. Nada más cierto aceptar que en una época hiperconsumista el mundo real se torna cada vez más aburrido frente al imaginado, y la gente vive ideales inalcanzables como su principal propósito, que por lo general nunca se cumplirán.

ARMANDO SILVA
ciudadesimaginadas@gmail.com

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