Opinión

Desconexión y muerte

Con los días no podremos desconectarnos, a costa de quedar por fuera e incluso de morir.

18 de marzo 2017 , 12:00 a.m.

Llegará el día en el que más importante que lo archivado es el archivo mismo, me lo soltó el profesor J. Derrida, quien asesoraba en California mi tesis sobre los archivos del álbum de familia. Este dilema solo lo vine a comprender años después, cuando se hizo evidente que las nuevas fotos digitales, que se hacen más y más los ciudadanos del mundo, ya no se toman para ser vistas, como se hacía con los álbumes, sino para ser archivadas en el celular o el computador, y casi nunca se verán.

Recordaba estas enseñanzas al leer algunos de los debates sobre el peso de los algoritmos en la vida actual y en especial del futuro, pues la inteligencia artificial, los 'big data' y algoritmos son las bases de una especie de poshumanismo que prefigura una transformación del ser en un superhumano; solo que este poderoso sujeto irá perdiendo su facultad de guiarse por sí mismo. En reciente entrevista (@oliviasolon) a Yurval Harari, autor del 'Homo Deus', destacaba que en el siglo XXI los datos y algoritmos son generados por sistemas externos al ser mismo. Si se va a un restaurante por una cena maravillosa, el siguiente paso es tomarle una foto y subirla a Facebook y esperar los 'likes' conseguidos. Si no se comparte esa experiencia, no se vuelve dato y entonces carece de significación. De ahí que sostenga: “El único lugar donde se escuchan visiones del futuro es en Silicon Valley, de Elon Musk o Marck Zuckerberg... el sistema político no está haciendo su trabajo”.

La suprema conectividad ya produce efectos en los cuerpos biológicos, más suicidios, obesidad, muerte del corazón o por diabetes.

Waze, y no la policía, ya dirige el tráfico. Ubicamos el destino más rápido, pero perdemos la habilidad para encontrar nuestra propia vía. Si hoy entramos en histeria cuando se cae la web, con los días no podremos desconectarnos, a costa de quedar por fuera e incluso morir, pues por fuera del sistema no se existe social ni prácticamente. Los movimientos mundiales por el derecho a la desconexión chocan con otro derecho: el de estar conectados.

La suprema conectividad ya produce efectos en los cuerpos biológicos, más suicidios, obesidad, muerte del corazón o por diabetes: “el azúcar ahora es más peligroso que la pólvora”. Tanto que el liberalismo defendió el sagrado derecho a la individualidad, pero esta se va perdiendo, la malla de algoritmos no tienen núcleos individuales, sino proyecciones de sistemas no humanos. El día ha llegado.

ARMANDO SILVA
ciudadesimaginadas@gmail.com

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