Opinión

¿Bogotanización de Villa de Leyva?

Hoy, cuando la movilización turística es alta, las comidas regionales pueden ser nuestro sello.

01 de enero 2018 , 10:36 p.m.

Villa de Leyva es un pueblo misterioso y profundo en su multiplicidad e historia. Lugar sagrado desde la diosa Bachué, que emergió de la laguna de Iguaque, Cristo o el budismo están presentes, y cada vez más centros de meditación la inspiran; lugar único donde las caminatas son parte de la trascendencia. También posee una geografía vital, pues su territorio parte de mares primitivos que fueron desapareciendo, pero dejaron ‘monstruos marinos’ de 120 millones de años y en su lugar quedaron energizados valles, montañas y lagos que explican su riqueza ecología y celestial. Su arquitectura colonial remata en la gran plaza, la más grande de Colombia. Muchos seres llegan a este sitio en búsqueda de paz. Tierra de hippies de los 70 que disfrutaban sus hongos alucinógenos; luego van llegando gente de arte, escritores, inversionistas.

Siendo tierra culinaria, con mi amiga, que viajaba para disfrutar la fastuosa exhibición de los fuegos artificiales que prenden en Navidad, nos dimos a la tarea de buscar la típica mazamorra chiquita, pero solo la encontramos como un exotismo; en cambio, muy elaborados platos franceses, italianos o alemanes y... pizza pueblan sus calles. Y miren, así como en épocas anteriores se reconocía una ciudad por su arquitectura, arte, sus espacios públicos o monumentos, hoy, sus rutas gastronómicas tienen carácter. Y en eso, ciudades como Bogotá han progresado mucho: de tener nada, prácticamente nos pusimos a la vanguardia del continente. Solo que es una culinaria gourmet exquisita (y cara, valga decirlo), pero con poca tradición incluida. Ahí está Perú, acaba de ganar el premio World Travel Award como el mejor destino culinario del mundo. En pocos años logró extraer de su historia su mejor patrimonio (papa, ceviches, tortillas...). Boyacá, de las cocinas superiores del país, ya tenía alimentos poderosos desde los chibchas: habas, fríjoles, cubios, arracacha, yuca, batata, ají, piña, guayaba o pitaya; los españoles trajeron el trigo, y se origina esa otra tradición en repostería. Debería contagiar a su vecina Bogotá de sus tradiciones, pero, al contrario, una bogotanización de Villa es evidente. Hoy, cuando la movilización turística en Colombia va por 14 millones, las comidas regionales pueden ser nuestro sello.

Nota: gracias a los que siguieron mi columna. ¡Buenos viajes!

ARMANDO SILVA
ciudadesimaginadas@gmail.com

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