Opinión

Aprendamos a sentir más culpa y más vergüenza

¿Sin las financiaciones indebidas hubiéramos ganado las elecciones? No creo, pero reconocerlo duele.

19 de marzo 2017 , 04:35 a.m.

¿Hubo excesos en las estrategias de campaña en las elecciones presidenciales del 2010? Sé que sí. Pero yo ya perdoné. Y el perdón no tiene reversa. El poder del perdón consiste en que lleva a la mutua comprensión, mediante la reforma del pasado. Lo que pasó es reinterpretado, fenecen ciertas lecturas y florecen otras.

La razón de mi perdón –que se expresó en mi apoyo a la reelección– fue la paz. Y la paz se está haciendo.

¿Qué pasa si aparecen nuevas verdades, si se destapa –una vez más– el uso de métodos indebidos, como ha pasado? Dos millones de afiches no es una cifra despreciable. ¿Sin los 2 millones de afiches financiados indebidamente por una empresa extranjera hubiéramos ganado las elecciones? No creo, pero reconocerlo duele.

En sus declaraciones sobre Odebrecht, el señor Presidente afirma que en su momento no supo del asunto, que ahora ya sabe y que ello lo indigna. Con vehemencia afirma que lo sucedido de ninguna manera tiene justificación. Por ello presenta excusas.

Normalmente, las excusas se utilizan para reconocer y hacerse perdonar violaciones de las normas sociales. La sanción correspondiente va desde fruncir las cejas hasta quitarle el saludo a alguien. En la lucha contra el delito son tan importantes los que lo censuran espontáneamente como los que saben encontrar sus huellas y ponerlas a disposición de la justicia.

Lo importante, en esta época de reconciliación, es tener claro que lo sucedido no puede repetirse, que el fin no justifica los medios, que la exclusión no justifica la violencia. Perdonar es todo un arte. Quien es perdonado debe saber que está en juego su última oportunidad.

¿Qué sigue? Repetidas veces, mis comportamientos han suscitado rechazo social, y de cierta manera, al escribir esta columna, estoy suponiendo que el país me perdonó. Desde muy temprano he tratado de explorar la posibilidad de juzgarse a uno mismo que todo ser humano tiene. Estoy suponiendo también que lo que les aporté a la Universidad Nacional y a Bogotá, con el respaldo de estudiantes, profesores y ciudadanos, en cierto sentido compensa el mal que pude haber hecho.

Me equivoqué en algún momento de mi juventud al pensar que alguna violencia podía justificarse políticamente. En cualquier caso, a mis 36 años acepté la invitación de la Universidad Nacional para asumir un claro compromiso con la sociedad y con la paz. Creo que convencí a más de una persona de abandonar la lucha armada, y a partir de 1995 hice repetidos llamados a denunciar los delitos. Una denuncia puede salvar muchas vidas. Hoy solo añadiría que hay que escoger con cuidado dónde y cuándo denunciar.

En el documental colombiano ‘La ola verde’, de Margarita Martínez, sobre las elecciones presidenciales del 2010, quedó registrado el momento en que propongo que la publicidad nuestra incluya por una cara del papel la propuesta verde y por la otra cara reproduzca la propuesta de Santos, la del partido de ‘la U’. Lástima que no lo hicimos. Hubiera sido, con lo que se ha conocido después, una bella lección.

ANTANAS MOCKUS
Candidato en las elecciones presidenciales del 2010

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