Opinión

El discurso del rey camaleón

Petro cambió de color, de hemisferio, tuvo un temporal discurso educado, afable, casi enamorador.

21 de junio 2018 , 12:00 a.m.

Algunos ‘analistas’, ‘politólogos’ y columnistas en Colombia se ufanan de haber estudiado en París gracias a la educación de un sistema socialista; y sí, tienen toda la razón, nadie se queda por fuera y lo único que se requiere para salir adelante, en virtud del abanico de oportunidades académicas en un país como Francia, es absoluta y total voluntad. 

Ahora bien, pontificaban afirmando que así sería la educación con Gustavo Francisco Petro como presidente, cuyo discurso estaba atiborrado de bandazos, bruscas maniobras de populismo y demagogia que eran un absoluto embuste; una socarrona farsa sin tener ni la más remota idea del inmenso trabajo que Francia hace constantemente desde las leyes de Jules Ferry, como para haber afirmado que el susodicho candidato lo haría en el irrisorio periodo presidencial que se tiene en Colombia. Lo escribo también con el justo conocimiento de causa: fui estudiante en este mismo país y, además, después de muchos esfuerzos que no vienen al caso, logré la adjudicación de dos materias de cátedra, ya con ocho años de experiencia*.

Después de la primera vuelta vimos a Petro ponerse todas las pieles que le fueran posibles; se deshizo de sus arraigadas arengas socialistas para adoptar –a la velocidad de campaña– un tono tan conciliador que estremecía; incluso negó sus viejas promesas con tal de echarse al bolsillo los votos de Sergio Fajardo.

Muy relevantes también dos aspectos de las dos vueltas: Fajardo perdió en Medellín, y Petro –en la primera vuelta–, en Bogotá; es decir, les pasaron factura en donde sus gestiones ya tenían un historial más contundente que las ‘hermosísimas’ promesas de campaña para el resto del país. Pero Fajardo tiene por lo menos coherencia académica, un doctorado que no se le pone en duda, y nadie lo puso a firmar un acuerdo o pacto antes de apoyarlo; o sea, ¿las propias personas y grupos que apoyan a Petro no le tienen absoluta confianza y lo tienen que condicionar con un documento? ¿Encadenamos desde ya –con firma obligada– una latente amenaza dictatorial incluso para el 2022? ¡¿Qué clase de candidato tiene que firmar un acuerdo para ser apoyado y no convertirse en un peligro contra la democracia?! ¡¿Más que verdaderos acuerdos era, nuevamente, el odio que los mueve contra Uribe!

Petro fue excesivamente incoherente las dos últimas semanas antes de la segunda vuelta con respecto a lo que siempre ha vociferado, y –en mi opinión personal– fue un premeditado y burdo camuflaje para sus verdaderas intenciones que desenmascaró airadamente en su discurso del domingo en la noche con un tono, de nuevo, revanchista como siempre ha sido. Además, un mal perdedor que, sin duda, veremos dividiendo y obstruyendo para regresar en las elecciones del 2022, porque Petro volverá y su paso por el Congreso será simplemente su púlpito publicitario remunerado. Como lo será también para su colega de urbes y paraísos de mafiosos.

Tal era la incongruencia de Petro –en tan poco tiempo– y tan peligrosa que se convirtió en un masajillo de contradicciones y traiciones a sí mismo para velar transitoriamente su desbordado autoritarismo, su incurable narcisismo en el cual solo él, después de él, tiene razón. Todo en el Congreso –considero– será una premeditada e infantil estrategia para engavetar los planes de su enhebrada ideología. Sus virajes ofenden, pero su ejército de adoctrinados que abrazan sin reparo cualquiera de sus palabras y atacan la diferencia y los desacuerdos son inmediatamente incendiados en pira pública sin ningún argumento, simplemente con odio visceral y eso –más que su descarada y publicitaria estrategia de cambio– es mucho más inquietante, aunque la realidad económica les desmienta constantemente sus falacias: hablar solamente de derechos y privilegios sin ser verdaderamente competitivos es una ruina total, verbigracia Venezuela. Pero ellos no lo ven, no lo quieren ver ni aceptar, ¡es culpa del “imperio”!

Petro cambió de color, de hemisferio, tuvo un temporal discurso educado, afable, casi enamorador; mas –reitero–, todas sus intenciones las reconoceremos rápidamente en la oscuridad porque no es más que un camaleón mimetizado que volverá para el 2022 con los colores y escamas que más le convengan.

* Poco, casi nada, hablo de mi vida personal y mi trayectoria académica, pero me molesta rotundamente que aún haya gente –sobre todo columnistas– que quieran meterles los dedos a la boca a los demás por haber tenido la suerte de ir más lejos en su formación profesional.

– Que comentarios tan incendiarios los del señor León Valencia en sus análisis de la primera vuelta presidencial

ANDRÉS CANDELA

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