Opinión

Una propuesta de gobernabilidad para Colombia

No sobra recomendar una alta dosis de sensatez, humildad y realismo político al candidato ganador.

14 de abril 2018 , 12:00 a.m.

En varias de mis anteriores columnas he insistido en lo poco acertadas que han sido las encuestas de opinión en Colombia, con ilustración de sus frecuentes fracasos y, sin embargo, ellas hacen parte del paisaje electoral las cuales son estimuladas por la competencia mediática y los intereses de las distintas campañas.

Antes de las elecciones, los periódicos resultados de las encuestas son elementos que proveen insumos para los analistas y los estrategas de las campañas y, muchas veces, crean climas de opinión intimidantes para los actores en contienda. Casos como los de Mockus, en la primera elección de Juan Manuel Santos, y los de Fajardo y Petro en la presente contienda, son la demostración del efecto del virtualismo mediático que induce a creer que se está ad portas de un nuevo escenario político, en el que fuerzas emergentes reemplazarán a las tradicionales con el consiguiente cambio del balance de poder.

Los resultados de las recientes elecciones del once de marzo son una vuelta al realismo político, de lo cual ya varias empresas encuestadoras han tomado nota para crear un nuevo partidor o línea estadística de base pero no tomaron el referente numérico adecuado sino que fueron víctimas del entusiasmo mediático, con las dos consultas interpartidistas celebradas y, de inmedi
ato, reacomodaron a los candidatos Duque y Petro de primero y segundo, y siguieron castigando a Vargas Lleras con el seis por ciento.

Los resultados de las recientes elecciones del once de marzo son una vuelta al realismo político, de lo cual ya varias empresas encuestadoras han tomado nota.

Un buen observador político les diría a los encuestadores que el mejor indicador para reordenar las expectativas derivadas de sus investigaciones de campo y de escritorio lo constituye la votación nacional para el Senado y la afinidad de cada candidato con esa respectiva agrupación política. Si miramos tales resultados observamos el siguiente escenario:

1. Centro Democrático 2’513.320 votos
2. Cambio Radical 2’155.487 votos
3. Partido Liberal 1’901.933 votos
4. Partido Verde 1’317.429 votos
5. Polo Democrático 736.367 votos
6. Decentes 523.286 votos

De acuerdo con los anteriores datos, el orden de importancia o cuota inicial con el cual parten los principales candidatos presidenciales, para la primera vuelta sería el siguiente:

1. Iván Duque 2’513.320
2. Germán Vargas 2’155.487
3. Sergio Fajardo 2’053.796 (suma del partido Verde y Polo Democrático)
4. Humberto de la Calle 1’901.933
5. Gustavo Petro 523.286

De acuerdo con lo anterior, es lógico advertir que serían Iván Duque y Germán Vargas Lleras los candidatos a pasar a la segunda vuelta. En ese orden de ideas, observamos que un partido de larga tradición electoral, como el liberalismo, que en votos es la cuarta fuerza del Senado y la primera de la Cámara, parece haber estado muy apático respecto de su candidato oficial, con el cual parece no existir mucha química. Por tal razón, los esfuerzos que a última hora se están haciendo para tratar de superar la división interna del liberalismo no parece que le alcanzarán a su candidato para una figuración decorosa en la primera vuelta.

Por tal razón, creo que las llamadas fuerzas políticas tradicionales (liberales, conservadores y partido de ‘la U’) concurrirán con la dote total, derivada de la elección de marzo 5’682.307 votos, a nutrir las canastas de Duque y Vargas Lleras de acuerdo con la lógica política imperante. Además, los partidos y movimientos minoritarios como Mira, Somos y Colombia Justa, entre otros, es casi seguro que seguirán esa misma línea de acción.

También hay que hacer notar la gran asimetría que se advierte entre la alta popularidad que registra Gustavo Petro en las encuestas y la escasa votación obtenida por sus huestes al Senado de la República; quizás por ello Petro habla de convocar una asamblea constituyente al día siguiente de su eventual posesión.

Si lo anterior se lleva a cabo, tendríamos un escenario político más estable y tranquilo, con dos candidatos que están de acuerdo en lo fundamental sobre el modelo económico vigente, con la desaparición del temor a la tentación totalitaria y el populismo anárquico.

Sin embargo, no sobra recomendar una alta dosis de sensatez, humildad y sentido del realismo político al candidato ganador, para conformar una alianza gubernamental que incorpore a quienes no hagan parte de la coalición triunfante, de manera que se pueda tener una gobernabilidad sólida y eficiente con el concurso de los contradictores de la víspera.

Por ejemplo, qué bueno sería que un gobierno presidido por Duque o Vargas Lleras pusiera en práctica un viejo anhelo que el país tiene desde la época del Frente Nacional, como es el de que los organismos de control sean manejados por personas de la oposición con las mejores credenciales técnicas y morales y también en ciertas áreas técnicas del gobierno que requieren de especiales competencias.

En tal sentido, me adelanto a proponer a Claudia López como contralora general de la República para que lleve a cabo su dura lucha en contra de la corrupción y a Sergio Fajardo como director de Colciencias, para que acabe con el desprestigio y desorden actuales y diseñe y ponga en práctica, con total autonomía, un verdadero sistema de ciencia y tecnología que cumpla con los mejores estándares internacionales.

AMADEO RODRÍGUEZ CASTILLA

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