Opinión

Las encuestas y las elecciones francesas

El posicionamiento de las encuestas es tal que se han urdido conspiraciones en nombre de ellas.

23 de mayo 2017 , 12:00 a.m.

En las economías modernas, las encuestas de opinión han sido tradicionalmente un buen instrumento para identificar las preferencias de los consumidores en relación con determinados bienes y servicios.

Su origen ha estado asociado a la investigación de mercados ‘ex ante’ y ‘ex post’, es decir, que se las ha utilizado para el conocimiento de las tendencias que en un momento dado predominan en la opinión y para reforzarlas o intentar cambiarlas una vez ya conocidas.

A partir de la Segunda Guerra Mundial, las encuestas de opinión incursionaron con fuerza en el mundo de la política y de los medios de comunicación y, desde entonces, sus resultados no dejan de generar polémicas y controversias, cuyo ejemplo más resonante fue la elección de Harry S. Truman como presidente de los Estados Unidos, a quien señalaban las encuestas previas como derrotado.

En sociedades de gran madurez política, las encuestas se han posicionado con tal solidez que, en algunos casos como el escenario francés de 1974, se han urdido conspiraciones en nombre de ellas. Ese año, la repentina muerte del presidente Georges Pompidou obligó a la mayoría gobernante (la Droite) a seleccionar a un candidato para hacerle frente al entonces candidato natural de la Gauche, François Miterrand.

El candidato más opcionado de la mayoría gobernante era Jacques Chabam Delmas, hombre prestigioso como que fue el general más joven que tuvo Francia, con acciones destacadas en la liberación de París, y considerado como el delfín del general De Gaulle, de cuyo gobierno había sido primer ministro, y con fuerte posicionamiento en la opinión tal como lo mostraban las encuestas.

Sin embargo, los oponentes de Chabam dentro de la mayoría gubernamental, como el entonces ministro del Interior Jacques Chirac, filtraron unos aparentes resultados de una encuesta interna, según los cuales entre Chabam con 35 % de intenciones de voto y Valery Giscard D’Estaing con 10 %, este emergía como el candidato más fuerte para vencer a Mitterrand en la segunda vuelta.

A partir de esa divulgación, la derecha francesa se dividió entre esos dos nombres, y el de Chabam fue decayendo, y, después de la primera vuelta, el nombre de Giscard D’Estaing ganó el respaldo de la derecha para enfrentar a Mitterrand en la segunda vuelta. En efecto, así ganó la presidencia.

Lo interesante de esa elección es que Giscard d’Estaing era el jefe fundador de un pequeño partido, Republicano Independiente, que gobernaba en coalición con el mayoritario (URDF) fundado por el general de Gaulle, en algo parecido con lo que acaba de su suceder con el actual presidente electo, Enmanuel Macron, quien salió elegido sin tener un partido o aparato político propio.

Fui testigo presencial de ese histórico evento, como becario del Instituto Francés de Economía y Estadística (Insée), en el marco de un programa de cooperación técnica del cual disfruté como entonces funcionario del Dane, pues una vez que se cerraron las urnas, tanto el Instituto Francés de Opinión Pública (Ifop) como la firma Sofres dieron sus estimaciones coincidentes de 50,2 % Giscard y 49,8 % Mitterrand, las cuales solo variaron en el segundo decimal cuando la autoridad electoral divulgó los resultados finales, es decir, 50,21 frente 49,79.

Esa experiencia causó honda conmoción intelectual y política en Francia, país en donde las encuestas han gozado de una gran respetabilidad por sus diseños impecables, y cuyos aciertos les han granjeado gran reconocimiento a nivel mundial porque lo que en ese entonces las se puso en duda no fueron en sí los resultados de las encuestas, sino una operación de manipulación intencionada que, a manera de rumor, tomó la fuerza de un ciclón que dejó damnificado a Chaban Delmas.

Otro hecho, de utilización de las encuestas como instrumento de promoción electoral, lo tuvimos en Colombia, en las elecciones primarias del partido Liberal, realizadas después del asesinato de Luis Carlos Galán, cuando César Gaviria lo reemplazó como precandidato. Sorpresivamente, las encuestas comenzaron a señalar a Ernesto Samper como el segundo en las preferencias, relegando al tercer lugar a Hernando Durán Dussán, quien antes había figurado de segundo en la competencia detrás de Galán.

Fue tan fuerte el posicionamiento noticioso de ese presunto resultado que los medios así lo señalaban en los primeros resultados de esa elección, y solo al tercer día de los escrutinios emergió “la verdad verdadera” de que el doctor Durán Dussan había quedado de segundo, con ocho puntos por encima del doctor Samper, pero eso ya no era noticia pues, con el impacto inicial, Durán Dussan anunció su retiro de la política y, de esa forma, les quedó el campo libre a las aspiraciones de Samper para el siguiente período, como en efecto sucedió.

AMADEO RODRÍGUEZ
* Economista consultor

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