Opinión

El nuevo escenario geopolítico mundial

Rusia, como el ave fénix, está luchando por recuperar su lugar de potencia económica y militar.

05 de mayo 2018 , 12:00 a.m.

Finalizada la Segunda Guerra Mundial, con el triunfo de las fuerzas aliadas sobre la Alemania de Hitler, de las cuales hizo parte la Unión Soviética, se convocó una reunión de los grandes líderes en el balneario de Yalta, en la que participaron Roosevelt, de los Estados Unidos; Stalin, de la URSS; y Churchill, de Inglaterra, con el propósito de estructurar un nuevo escenario geopolítico mundial.

El gran ausente fue el general De Gaulle, cuya presencia fue objetada por Stalin, con el argumento de que Francia no fue potencia triunfadora sino liberada por las fuerzas aliadas. Roosevelt y Churchill sugirieron entonces contar con la opinión del Pontífice, a lo cual de manera insolente e irónica se opuso Stalin con la pregunta: ¿Y cuántas divisiones tiene el Papa?

Con un Roosevelt enfermo, y pese a la lucidez y gran visión de Churchill, se impuso el apetito expansionista de Stalin, quien sostuvo que los aliados podían imponer su sistema en los territorios a los cuales hubieran llegado sus respectivos ejércitos. De allí surgió la llamada ‘guerra fría’, o confrontación este-oeste, con dos bloques de países liderados de una parte por USA, con un sistema económico de libre mercado, propiedad privada e instituciones democráticas; y de otra, la URSS, con una economía estatista o centralmente planificada, y una organización social y política sustentada en la “dictadura del proletariado” con base en el aparato del Partido Comunista, que era el partido único.

Los exitosos ocho años de Reagan, durante los cuales se produjo la famosa ‘revolución del valle del silicio’, le permitieron a Estados Unidos emerger como el líder indiscutible del desarrollo mundial.

La reconstrucción de Europa fue el primer gran escenario de confrontación y emulación de esas dos concepciones de la economía y la sociedad, con la puesta en marcha del Plan Marshall por parte de USA, y con la réplica de su esquema de los planes quinquenales estatistas que impuso la URSS en su zona de influencia o “países satélites”. Un segundo escenario lo constituyó el proceso de descolonización que se inició al amparo de la carta de Naciones Unidas, principalmente en países de África y Asia, en donde la URSS ganó gran preponderancia e influencia mediante el apoyo y estímulo a la lucha armada de los procesos independentistas.

Simultáneamente, un importante grupo de líderes nacionalistas, Nehru, Tito, Nasser y Sukarno crea el grupo de los Países No Alineados, cuya intención manifiesta era procurar un modelo alterno de desarrollo sin interferencias de los dos bloques en pugna. En ese contexto, el modelo socialista llega a América con la revolución cubana, lo cual exacerbó los niveles de confrontación USA-URSS, cuya cota máxima se produjo con la crisis de los cohetes rusos con cabeza nuclear apuntando desde Cuba hacia los Estados Unidos.

Fue una época de liderazgos fuertes y en veces despóticos, como el que practicó Stalin en su zona de influencia, la que con razón llamó Churchill Cortina de Hierro, pues las disidencias se castigaban con fusilamientos o largas estadías en las estepas siberianas y, en últimas, con los tanques soviéticos, que sin el menor pudor invadían a los países díscolos, como fueron los casos de Hungría y Checoslovaquia. Occidente, con su modelo de economía de mercado, democracia representativa y una organización militar fuerte como la Otán, tenía la capacidad de hablarles duro a los soviéticos y de responder a cada una de sus amenazas.

Pero, al asumir los Estados Unidos el papel de gendarme internacional para contener el expansionismo soviético, se comprometió en una guerra muy distante de su zona de influencia, como fue la de Vietnam, que no solo fue un desastre en lo militar sino un desgaste interno que erosionó y fraccionó el pacto social con el que durante muchos años convivió ese país, con el consiguiente debilitamiento de su influencia como líder del llamado mundo libre.

Los exitosos ocho años de Reagan, durante los cuales se produjo la famosa ‘revolución del valle del silicio’, en California, le permitieron a los Estados Unidos emerger de nuevo como el líder indiscutible del desarrollo mundial, con base en un nuevo paradigma sustentado en la economía del conocimiento.

En ese escenario, se produjo el colapso y la desaparición de la Unión Soviética, cuyos antiguos países miembros no solo recuperaron su autonomía como Estados independientes sino que adoptaron el modelo de la economía de mercado, todo lo cual llevó al escritor y ensayista Francis Fukuyama a postular en libro famoso el fin de las ideologías con el triunfo de la democracia liberal y la economía de mercado.

Sin embargo, hoy el mundo observa con preocupación que Rusia, como el ave fénix que revive de sus cenizas, está luchando por recuperar su lugar de potencia económica, militar y política mundiales, para lo cual está utilizando sofisticados métodos de penetración en los sistemas de información de las otras potencias, y con prácticas más refinadas de la era estalinista, de las cuales son muestra el intento de asesinato químico en Londres de uno de sus antiguos espías y el ataque acústico que sufrieron funcionarios de las embajadas de Estados Unidos y Canadá en Cuba.

AMADEO RODRÍGUEZ 
* Economista consultor

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA