Opinión

El fracaso de la utopía socialista

La toma masiva de las calles en Venezuela es indicativo de que en 2017 soplan vientos de cambio.

09 de mayo 2017 , 11:31 p.m.

En los años sesenta del siglo XX el mundo, pero especialmente América Latina, vivió una época de gran fervor revolucionario impulsado por el triunfo de la Revolución cubana y la guerra de Vietnam.

Esto cual generó una oleada de simpatías y romántica emulación entre los jóvenes de la época, sobre todo en los países en los que gobernaban dictaduras militares como Somoza en Nicaragua, Pérez Jiménez en Venezuela, Trujillo en República Dominicana, Stroessner en Paraguay, Velasco Alvarado en Perú, y en Ecuador era recurrente que un gran caudillo civil ganara siempre las elecciones: Velasco Ibarra, quien fuera elegido en cinco ocasiones presidente; “dadme un balcón y alcanzaré la presidencia”, decía como eslogan de campaña, pero los militares nunca le permitieron terminar esos períodos.

Posteriormente, cuando sucede la fracasada invasión de bahía Cochinos que intentaba derrocar a Fidel Castro, Cuba se declara abiertamente socialista y la OEA, bajo la fuerte presión e influencia de Estados Unidos, expulsa a Cuba de su seno, cuyos Estados miembros, con la excepción de México, rompen relaciones con el régimen cubano.

En ese contexto se radicalizan las posiciones en el continente, con la llegada de la denominada ‘guerra fría’, cuyos líderes eran Estados Unidos y la Unión Soviética, con la apuesta del che Guevara de hacer de la cordillera de los Andes “la sierra maestra de América”, de una parte, y, de otra, Estados Unidos lidera las posiciones anticomunistas, con el estímulo de los golpes militares en Argentina, Brasil, Bolivia, Uruguay, y se hace abortar, de manera escandalosamente sangrienta, el experimento de un socialismo democrático del presidente chileno Salvador Allende.

Colombia, por su parte, pese a tener fuertes movimientos guerrilleros, que de forma increíble perduran hasta el presente, supo capear el temporal con el acuerdo político del Frente Nacional, que durante 16 años permitió la alternación de liberales y conservadores en la presidencia de la república, quienes gozaron del fuerte apoyo financiero de Estados Unidos a través del programa Alianza para el Progreso, cuyos ejes temáticos eran la modernización del régimen tributario, la reforma agraria y la masiva construcción de vivienda.

Mientras tanto, en la Europa socialista, conformada y sometida por la fuerza como botín de guerra de Stalin, por su contribución a la derrota de Hitler, se suceden cosas que desnudan el carácter totalitario del régimen comunista, como las invasiones de Hungría, cuyo primer ministro Imre Nagy fue fusilado por orden del mando soviético, y la Checoslovaquia de Alexander Duchek, quien estuvo prisionero muchos años, todo por pretender para sus respectivos países un manejo más independiente en el marco de las libertades democráticas de Occidente.

Ello ocasiona una crisis en los partidos comunistas y socialistas de la Europa occidental, muchos de los cuales rompieron relaciones con su similar de la URSS, todo lo cual va ocasionando una especie de erosión del realismo socialista tan pregonado como idea fuerza por el régimen soviético, sobre todo porque, bajo el liderazgo de los Estados Unidos, se lleva a cabo el famoso Plan Marshall, que fue el motor principal de la reconstrucción física de Europa y de su recuperación económica.

La URSS y sus satélites con economías estatistas trataron de emular los logros del capitalismo occidental, caracterizado por las economías de mercado, pero solo en cuanto a construir un complejo militar industrial, pues, en el resto de indicadores de calidad de vida, Occidente les llevaba apreciable ventaja.

Pero, cuando surge la llamada revolución del valle del silicio en California, que cambia radicalmente la fuente del crecimiento y el desarrollo económico, con la creación de la economía del conocimiento, el modelo socialista estatizante comienza a ‘hacer agua’. Ello se pone en evidencia cuando Reagan invita a Gorbachov a visitar una escuela en California, y este advierte que cada estudiante tiene un PC encima de su escritorio, mientras que en la URSS de la época era prohibido tener fotocopiadoras de uso privado.

Es cuando Gorbachov, con la intención de salvar al sistema, pone en práctica las famosas glásnot y perestroika, es decir, apertura y modernización, como un experimento controlado, pero este se le sale de las manos bajo la presión de Boris Yelstsin, con lo cual eclosiona y se desintegra la URSS, que, como efecto dominó, se extendió al resto de la Europa socialista.

En ese entonces solo quedaban en el mundo dos países con economías estatistas, Korea del Norte y Cuba, pues China y Vietnam ya tenían amplios sectores de sus economías en la órbita del mercado.

Pero cuando se esperaba que ese nuevo esquema político tuviera consecuencias en la región, especialmente en Cuba, se apareció Hugo Chávez con una valija llena de petrodólares, que, puesta al servicio de los hermanos Castro, ha permitido cooptar a algunos Estados de la región y financiar a muchos grupos políticos que compraron para su causa ese anacronismo ideológico. Afortunadamente, parece que ese socialismo que el gran pensador y polemista francés Jean Francois Revel llamó “la sociedad de la mentira” está ‘ad portas’ de su derrumbe, pues, en muy pocos años, transformó una economía próspera, dinámica y moderna como Venezuela en una sociedad miserable, venal y corrupta.

La toma masiva de las calles por ciudadanos inermes, cuya mayor aspiración es la de volver a disfrutar de plenas libertades políticas y económicas, son indicativos de que en 2017 soplan mejores vientos de cambio para toda la región. Dios permita que así sea.

AMADEO RODRÍGUEZ CASTILLA

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