Opinión

Por qué dejación y no entrega de armas

El cese de hostilidades ha producido una notable reducción de la violencia originada en la política.

18 de marzo 2017 , 12:00 a.m.

Contra todos los prejuicios, dudas y mitos creados por los enemigos de la paz, la insurgencia armada, social y política de las Farc, en una evidente demostración de responsabilidad con Colombia, avanza en la concreción del proceso de movilización hacia las Zonas Veredales Transitorias de Normalización (ZVTN), como paso previo a la dejación de armas y la desmovilización para hacerse parte de la sociedad civil y convertirse en partido político en el juego democrático.

Lo hicieron con alegría, en marchas saludadas con alborozo por las comunidades rurales y soldados y policías que les dieron un cálido apretón de manos. Estos combatientes lucirían, tal vez por última ocasión, sus camuflados, puesto que, si todo marcha bien hasta el final, sus armas se convertirán en esculturas artísticas y sus trajes de guerra, en piezas del museo de la historia del conflicto.

Como lo afirmara en su momento el alto comisionado para la paz, Sergio Jaramillo: “Hay un compromiso de las Farc en que la totalidad de las armas va a ser dejada y recibida por las Naciones Unidas, acorde con los estándares internacionales”.

Un hecho resaltado por los medios fue la presencia de mujeres farianas, no una ni dos ni diez, sino todas hermosas, finas, cultas. Algunas de ellas, madres de familia saludables, como sus niños por el oxígeno medicinal de la selva.

La guerrilla más vieja del continente se comprometió a silenciar sus fusiles para siempre, y la ONU verificará que así sea.

La firma de este acuerdo significó el fin de más de 50 años de violencia. Con el cese del fuego bilateral y definitivo, la guerrilla más vieja del continente se comprometió a silenciar sus fusiles para siempre, y la ONU verificará que así sea.

El resultado hasta ahora, verificado por la Defensoría del Pueblo, la Procuraduría y el Comité Permanente de Derechos Humanos, es que el cese de hostilidades ha producido una notable reducción de la violencia originada en la conflictividad política. Los campos colombianos que hasta hace muy poco eran arrasados por el fuego de los combates fratricidas hoy empiezan a reverdecer y volverán a poblarse de frutos, cuando millares de ‘alientos encorvados sobre los surcos’ ingresen a sembrar semillas de vida.

Sin embargo, el primer obús disparado por las ignaras huestes legislativas del Centro Democrático y de Cambio Radical –por cierto, dos denominaciones que no concuerdan con su praxis ideología retardataria– fue contra la expresión “dejación de armas”. Se trata del desconocimiento semántico de los procesos de paz y cuyo desarrollo responsablemente adelantado les ha provocado alaridos cósmicos. Se llama “dejación” cuando una de las partes no ha sido vencida ni derrotada militarmente, y las Farc no lo han sido; la dejación de armas es el producto de una negociación en la que no solo se han estipulado los protocolos apropiados que garantizan que estos elementos no van a ir a parar a manos de bandas criminales ni a eventuales disidencias, ni a los supermercados globales de armas.

En tal sentido, el proceso de "dejación de armas" se desarrolla de acuerdo con procedimientos técnicos, que recogen la experiencia internacional: en un primer momento se procederá a la identificación y registro de todas las armas en los campamentos temporales de las Farc en las 26 zonas (ZVTN); luego, al almacenamiento de las armas de los miembros de las Farc que forman parte del Mecanismo de Monitoreo y Verificación; y, por último, un sistema de planificación y verificación de la destrucción del armamento inestable, ubicado en las denominadas caletas, las cuales estarán vigiladas constantemente, a través de mecanismos tecnológicos, pues cada armamento tendrá su correspondiente código de barras.

Ya están en marcha programas de desminado en diversas zonas del país, en los que participan miembros del mecanismo de verificación. La verificación inicial ha comprobado que las armas dejadas se encuentran en buen estado, diferente al proceso con las autodefensas, en el 2003, la mayoría de cuyas “armas” eran “fierros inservibles”, que no tuvieron registro ni mecanismos de verificación.

En el caso presente, las zonas referidas serán custodiadas por la Fuerza Pública a través de anillos de seguridad. Un mecanismo tripartito conformado por la ONU, Farc y Ejército se desplazará a través de cada una de las zonas veredales para coordinar la logística y garantizar el cumplimiento de los protocolos.

ALPHER ROJAS

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