Opinión

Iván Duque en sus indefiniciones

De adorador acrítico de sus intolerancias, Duque ha pasado a ser objeto del celo puritano uribista.

12 de mayo 2018 , 12:00 a.m.

Por cuenta de su inexperiencia política o, tal vez, por su precipitada vinculación al actual proceso, el candidato presidencial Iván Duque se ha visto obligado a redefinirse una y otra vez, dadas las tormentas que sus opiniones primarias y sus imparables monólogos han desatado dentro de su propia fuerza política.

Ni se diga de las inquietudes que su plataforma económica ‘demo-neo-liberal’ -un mercado dominado por los servicios- ha despertado entre empresarios, trabajadores y desempleados, puestas en evidencia por los demás candidatos presidenciales, idóneos conocedores del Estado democrático.

En reciente debate radial, inquirido sobre la “polarización política” entre el presidente Santos y el expresidente Uribe, Duque sostuvo confusamente: “¿Vamos a reducir esta discusión simplemente a Uribe y a Santos?”. Y añadió: “Eso es un tema de dos personas, de dos tintos, como si el resto del país simplemente fueran miembros de una secta que se dejan llevar por dos monjes (sic)”.

“Fuego amigo entre uribistas”, tituló la revista ‘Semana’, al registrar las reacciones de los voceros del Centro Democrático (CD): Fernando Londoño, lo anatematizó soberbiamente: “Duque es solo un mozalbete inteligentón”, y repuso: “Lo que sea Duque se lo debe a Uribe y si para él Uribe es un monje que comanda una secta… no se lo podemos aceptar… la ruptura total”. (https://www.semana.com/nacion/articulo/fuego-amigo-en-el-uribismo-fernando-londono-ataca-a-ivan-duque/537699)

Duque no recogió el guante, sino que -apenado- ratificó su veneración y sumiso acatamiento al expresidente, al tiempo que envió sus parabienes a Londoño y al ‘Patriota’.

No fue ninguna casualidad ni ningún malentendido, sino algo perfectamente previsible en la febril imaginación de un hombre que no ha podido crear un perfil político autónomo y que para sobrevivir en su proyecto ha idealizado a Uribe hasta el mito: “Meto las manos al fuego por mi presidente Uribe”, diría ‘poniendo él la otra mejilla’, en defensa del expresidente.

Duque ha sido “formado” a semejanza de quien le fabricó su candidatura presidencial. El mismo que publicó un trino con el bestial exabrupto: “Areiza es un buen muerto”, al referirse al asesinado testigo contra Luis Alfredo Ramos y por cuenta del cual la Corte Suprema de Justicia terminó ordenándole al expresidente una nueva investigación.

Preocupado porque eventualmente pudiera ser ‘vuelto trizas’, Duque satisfizo el anhelo del expresidente al confirmar que deseaba “tener un Congreso amigo, con el presidente Uribe como primer dignatario del Senado de la República”. Luego añadió otra pauta conciliadora: “Crearé una supercorte que unifique los tribunales judiciales de cierre existentes”.

Esa lógica entraña la estructuración de un mecanismo legislativo extraordinario orientado a dejar en una sola Corte la responsabilidad de unificar la jurisprudencia frente a decisiones de primera y segunda instancias, que les brindará amplias garantías judiciales a Uribe, a sus familiares, amigos y socios.

Como si fuera poco, en su alianza con Viviane Morales, además de los votos requeridos para enfrentar a Gustavo Petro, Duque le quitó de encima a la exfiscal el argumento falso de que los procesos judiciales contra Luis Alfredo Ramos (su actual jefe de debate condenado por la CSJ por su alianza con paramilitares), Sabas Pretelt, Andrés Felipe Arias, Alberto Velásquez, Bernardo Moreno, Diego Palacio, Luis Carlos Restrepo y Jorge Noguera, entre otros funcionarios del gobierno Uribe Vélez, habían sido maniobras políticas contra el CD. (https://www.semana.com/nacion/articulo/la-carta-de-andres-felipe-arias-a-uribe-para-no-aceptar-alianza-de-viviane-morales/565889)

Como bien se sabe, Uribe es un individuo refractario a las voces contrarias y acusa una mentalidad que le impide concebir alternativas a su silabario de cartón de piedra. En su práctica de gobierno demostró tener más afectos por el control autoritario del poder que por el ejercicio democrático institucional.

Por ello, de adorador acrítico de sus intolerancias, Duque ha pasado a ser objeto del celo puritano uribista. Posiblemente la misma vara con la cual medirían a quienes se atrevan a ejercer el pensamiento crítico en un eventual gobierno suyo si el pueblo colombiano toma el camino equivocado de elegir a Uribe en cuerpo ajeno, en la oronda anatomía de Iván Duque.

ALPHER ROJAS C.
*Investigador en Ciencias Sociales, magíster en Estudios Políticos.

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