Opinión

El voto de opinión liquidó la maquinaria

De la Calle daría comienzo a la gran tarea de reconstrucción de Colombia hacia la paz sociopolítica.

05 de diciembre 2017 , 12:00 a.m.

Humberto de la Calle ‒honrado actor y testigo directo de los cambios trascendentales de nuestra sociedad en las últimas décadas‒ salió victorioso en la consulta liberal abierta, enfrentado a una feroz maquinaria de empleados públicos y a una red de caciques políticos y ‘viudos del poder’, lubricada con muníficos recursos logísticos y financieros, un instrumental de hostilidades que lo abatiría sin remedio.

Al no encontrar un flanco distinto de ataque a su precandidatura, los principales analistas mediáticos aludieron de forma escandalosa a los costos de la consulta, llegando a contrastarlos con el precario gasto social del Estado, con la finalidad de desestimular la participación de electores escrupulosos.

Ocultaban ‒o ignoraron deliberadamente‒ que ese mecanismo de participación democrática, denominado consulta popular, está prescrito en la Constitución Política como un dispositivo legítimo (aunque opcional) para estimular y afianzar la adhesión popular a los procesos de construcción institucional. En otros términos, se trata de una forma de reapropiación colectiva de sentido y de los valores democráticos, los cuales deben ser garantizados por el Estado no solo para contribuir a su promoción, sino, especialmente, a su organización, de manera que se propicie la dinámica expansión del interés de la ciudadanía por los asuntos públicos.

La campaña de De la Calle consistió en eventos de naturaleza didáctica sobre el posconflicto y sus consecuencias en el proceso de modernización del Estado.

La campaña de De la Calle consistió en eventos de naturaleza didáctica sobre el posconflicto y sus consecuencias en el proceso de modernización del Estado, y en presentaciones ante especialistas acompañado de brigadas juveniles, a las que se sumaron crecientes contingentes de artistas, universitarios, la vanguardia intelectual y miembros de las ‘identidades posconvencionales’, que lo seguían por todas partes recorriendo las principales ciudades, con la consigna de ‘Construyamos un país donde quepamos todos’. Dirigía la palabra a grandes auditorios y sus ideas y propuestas calaron hasta convertirse en ondas de significativa repercusión.

Sus contradictores le buscaron tachas éticas con las cuales atravesarle obstáculos a su brillante carrera pública, y al no encontrarlas, decidieron atribuirle su candidatura a una hipotética ‘amistad’ con la insurgencia de las Farc, ‘sindicación’ empíricamente homologable al peor delito, en la medida en que al país se lo ha ido tomando la furia de las ‘fake news’ (noticias falsas) originadas en las mentes vacías de la ultraderecha agresiva y egoísta; un vínculo insostenible a la luz de los diálogos de La Habana, en los cuales las intervenciones de De la Calle revistieron un alto sentido crítico y analítico que no le dejó perder ni un solo momento la autoridad en la mesa.

“Si no hubiese sido por su carácter firme y a la vez reflexivo, esas conversaciones no hubieran durado más de cinco minutos y el Estado hubiera tenido que ceder montones”, dijo un observador internacional. Por el contrario, se extendieron por cinco años, y el Estado, de la mano firme y la palabra prudente de De la Calle, no cedió un ápice de sus estructuras.

El sociólogo francés Michel Wieviorka, estudioso de los conflictos del mundo, al referirse a este proceso, dijo ‒en conversación con el autor de esta columna‒ que “solo un hombre reflexivo, dueño de una gran personalidad y de una autonomía mental como las De la Calle hubiera podido sacar adelante un complejo programa de convivencia civilizada, inscrito ya como ejemplo entre las soluciones a la violencia política y social del planeta”.

Todo ello contribuyó a consolidar su crecimiento electoral, cuando de manera espontánea y sistemática sectores modernos, alternativos, independientes, de la izquierda democrática y del liberalismo igualitario decidieron tomar parte activa en la contienda del lado del exjefe negociador de la paz en La Habana.

Una dinámica de consciente identificación colectiva, plural y entusiasta se dejó sentir en los días finales de la última semana, orientada a contrarrestar esa atmósfera de pánico que se percibía frente a la posibilidad de que la alianza ultraderechista Uribe-Vargas Lleras-Pastrana se alzara con la victoria en 2018 y ‘volviera trizas los acuerdos’. Entonces vieron en esa figura decente que piensa siempre en voz alta, la posibilidad de enfrentarlos con éxito.

Humberto de la Calle está hoy investido candidato presidencial del Partido Liberal Colombiano y, dadas las alianzas que viene celebrando con los sectores no tradicionales de la buena política, en pocos meses podría ser el nuevo presidente de Colombia. Desde allí daría comienzo a la gran tarea de reconstrucción de Colombia hacia la paz sociopolítica. Ello implicará una transformación de nuestra manera de relacionarnos en lo público, con nuestro pasado y nuestro porvenir, para establecer unas prioridades y un orden en las demandas antagónicas sobre los recursos siempre escasos de la comunidad.

ALPHER ROJAS

Ya leíste 20 artículos gratis este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido
desde $10.999 al mes.

¿Ya eres suscriptor? Ingresa

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta gratis y pódras disfrutar de:

  • Acceso ilimitado al contenido desde cualquier dispositivo.
  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta gratis y disfruta de acceso ilimitado al contenido, desde tu computador, tableta o teléfono inteligente.

Disfruta del contenido sin límites

CREA UNA CUENTA GRATIS


¿Ya tienes cuenta? INGRESA