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Actualizado 04:46 p.m. - miércoles 16 de mayo de 2012

Opinión 12:37 p.m.

Dilema existencial

Dilema existencial

Alfonso Llano Escobar, S.J.

    Empiece el año reflexionando sobre su futuro.

    A todo ser humano se le abre un doble camino: vivir solo para sí, lo cual equivale a hacerse egoísta, o bien, vivir orientado a los demás, que no es otra cosa que hacerse verdaderamente humano. Detallemos un poco cada miembro del dilema.

    Vivir sólo para sí, centrarse solo en sí mismo, en su propia persona y en su futuro, de tal modo que lo subordina todo y a todos a su propio crecimiento y felicidad; ordenar todas las cualidades, todas las preocupaciones y empeños a la propia realización, a costa de lo que sea, utilizando todos los medios a su alcance y todas las personas que lo rodean.

    Sus metas a corto plazo son: medrar en todo, buscar éxitos pequeños pero acumulados; vencer al otro, sacarle ventaja a todo, disfrutar de todo, conseguir mucho dinero fácil e irlo acaparando para la realización de futuros planes, cultivar discretamente un físico y un 'look' que impacten.

    Las metas a largo alcance son: adquirir todos los aparatos que la tecnología pone a su disposición, acaparar mucho dinero, gozar bienestar y comodidad. Si sus posibilidades son políticas, porque las circunstancias así lo indican, enfoca todas sus dotes y turbinas a escalar y comprar cargos públicos y a beneficiarse de ellos al máximo. Cuando no resulta con ánimos de dictador porque, entonces, olvidándose de un pasado remoto y reciente de la historia, sus ambiciones son desmedidas. Solo pone sus ojos en la grandeza propia, como Gadafi o Hussein, o de su país, como Napoleón y Hitler, y la vida acaba como todos sabemos, menos el dictador: en un vil suicidio o en un asesinato que deja a la vista de todos su monstruoso cadáver.

    Vengamos al segundo miembro: vivir para lo demás, al servicio de la comunidad, en forma sencilla, desinteresada y eficaz; en forma privada o pública, como en fundaciones, empresas, obras comunitarias, etc. Es el camino para la realización verdaderamente humana.

    Claramente lo expresó Einstein al comienzo mismo de su bella obra: 'Mi visión del mundo', cuando dijo: "Ante la vida cotidiana no es necesario reflexionar mucho: estamos aquí para los demás". O bien, esta otra joya: "El verdadero valor de un hombre se determina según una sola norma: en qué grado y con qué objetivo se ha liberado de su Yo".

    Se opta en forma sutil y lenta, de ordinario en la adolescencia, por influjo del padre o por la elección de algún modelo que escoge para su imitación: un filósofo, un librepensador, cuando no un cantante, un deportista, o un mito de la farándula, como Michael Jackson, un beatle, o un visitante de turno, del grupo Niche o Les Luthiers.

    Aquí, el influjo de los padres de familia es definitivo: la vida personal del padre, su oficio o profesión suelen influir en sus horas de deliberación. El oficio o profesión del padre influye en el hijo mayor gracias a una buena amistad, o gracias a los modelos de imitación que el padre le propone o que el mismo muchacho escoge por su cuenta. Un padre de familia, a quien poco o nada le atraía el que su hijo llegara el día de mañana a ser un piloto de jet, le ahogó los sueños en esta frase brusca y discriminadora: "Mijo, los pilotos de hoy van a ser los taxistas de mañana".

    Qué bueno sería darle a un hijo, como regalo de cumpleaños, la vida de un gran hombre, por ejemplo un Gandhi, un Mandela, un Ignacio de Loyola. Y si es mujer: la enfermera Kübler Ross, la madre Teresa de Calcuta, o la notable Michelle Bachelet.

    Resumiendo: va mucho de vivir para sí mismo a vivir para los demás, como va mucho de ser egoísta a servidor de los demás.

    Jesús lo expresó tajantemente, diciendo: "Quien vive para sí se perderá, y quien vive para los demás, se ganará". Jn 12,25

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