Opinión

¡Bienvenido, papa Francisco!

Usted pertenece a cada uno de nosotros. Usted, con su humildad y su modestia, cautivó a todos.

02 de septiembre 2017 , 12:00 a.m.

Papa Francisco: acogemos su venida, que se inicia este 6 de septiembre, como un bien inmenso, como un don del cielo, como un regalo de Dios.

Su venida nos trae su presencia humana, su persona amable y sencilla, su rica personalidad. Su venida nos trae la presencia de un hombre, de todo un hombre, con toda la grandeza de un hombre, desprovisto de poder, de grandeza; de un hombre sencillo, modesto, con la modestia hecha hombre en una persona que trasciende los límites de la Iglesia católica, de un hombre a quien reclama como propio todo colombiano, católico o no católico, agnóstico o ateo; todo colombiano se siente con derecho sobre su persona, sobre su humildad, hecha vida en su persona sencilla, modesta y agradable.

El papa Francisco nos trae la presencia de un abuelito cariñoso, de un anciano dulce, alegre y generoso, que pertenece a todos y a cada uno de nosotros. Cada colombiano, católico o no católico, se siente con derecho a llamarlo Papa, vale decir, papá.

No haga caso de la voz disonante que desconoce su grandeza espiritual. Su espíritu circula por espacios sublimes, donde no encuentran cabida la amargura, el odio o la exclusión

Querido papa Francisco: Colombia entera le da la bienvenida, Colombia lo acoge, lo toca con respeto y con confianza. Usted pertenece a cada uno de nosotros. Usted, con su humildad y su modestia, cautivó a todos, se ganó el afecto de todos los colombianos, sin distingos de género, raza o color. Lo acogemos como se merece, como a un hombre de Dios, un hombre en quien se hace presente Dios en persona. Entre seguro, avance por nuestras calles y veredas, con la tranquilidad de un hombre que no tiene enemigos a la espalda, de un hombre que nos trae a Dios.

Viéndolo a usted vemos a Dios. Tocándolo a usted tocamos a Dios. Con su presencia ya no queda lugar para el ateísmo. Su inmensa personalidad ya no deja espacio para el vacío, para la negación de Dios. Su actitud, sus gestos y valores nos revelan la grandeza de Dios.

Bienvenido, papa Francisco. No preste atención a las diferencias de religión, raza o color. Usted pertenece a todos. Todos reclaman un derecho sobre su persona. Entre no solo por espacios físicos y materiales, sino espirituales y divinos. Entre por nuestros ojos, pero, igualmente, entre por nuestras conciencias y corazones. Su presencia nos trae alegría, gozo y paz en el Señor. No haga caso de la voz disonante que desconoce su grandeza espiritual. Su espíritu circula por espacios sublimes, donde no encuentran cabida la amargura, el odio o la exclusión.

Será breve su presencia física entre nosotros. No importa. Porque nuestro amor y nuestra acogida de su persona van mucho más allá de su cuerpo físico. Usted adquirió un puesto noble y humilde en el corazón de todo colombiano. Usted pertenece a cada uno de nosotros.

Con el profeta Jeremías confesamos: “Nos sedujiste, Señor, y nos dejamos seducir”. Usted oculta un poder de seducción muy poco común.

Papa Francisco: quédese con nosotros. Lo amamos, lo queremos, deseamos retenerlo para siempre entre nosotros. Usted nos trae la presencia de Jesús, el amigo de los niños y de los pobres. Con su presencia se aquieta y alegra nuestro corazón. ¡Quédese con nosotros, papa Francisco!

ALFONSO LLANO ESCOBAR

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