Opinión

Seguridad pública: tema de campaña

Ni antes ni ahora la paz tiene que ver solo con el accionar de grupos guerrilleros o paramilitares.

07 de febrero 2018 , 12:00 a.m.

Hace varios años, mi amigo el periodista Felipe Zuleta decía que había decidido no ver noticieros porque a los 5 minutos ya habían registrado 60 muertos... Alguien podría retomar esa idea ante la explicable ola de indignación por los diarios episodios de violencia de todo orden que afectan en gran manera la seguridad pública: los desgarradores relatos sobre una mujer atacada alevemente en el garaje de su casa por robarle el carro, los jóvenes de barrio a quienes se les quita la vida por una bicicleta o unos tenis, la habitual imagen de crímenes originados por robar un celular, entre muchos.

Más allá de estos hechos de indudable impacto, la verdad es que el asunto de seguridad ciudadana se metió ya en las prioridades en medio de este debate electoral. Ni antes ni ahora la paz tiene que ver solo con el accionar de grupos guerrilleros o paramilitares. Porque, entendida como las condiciones para la convivencia pacífica, se ve alterada por factores del más diverso origen: delincuencia callejera, apartamenteros, cuatreros, vendettas mafiosas, delitos asociados al tráfico de drogas, intolerancia en las calles, violencia intrafamiliar como la que vimos en televisión cuando un energúmeno asesina a su expareja... y hasta indigentes drogadictos y degradados que amenazan a los transeúntes.

La seguridad pública, entendida desde el punto de vista policial y de modo integral, debe ser tema de campaña. Para empezar, no tenemos estadísticas confiables sobre la verdadera criminalidad: las hay desde las que señalan sensible baja en los índices de homicidios hasta las que harían ver que la inseguridad ciudadana va en ascenso.

La seguridad pública debe, entonces, manejarse de manera integral, incluida la que tiene que ver con la superación de una de sus causas: el conflicto armado y sus consecuencias.

En esta, como en otras materias, el país no tiene cifras confiables para fijar las políticas públicas. Por eso, la reacción y los correctivos son emocionales y de ocasión. Prohibir el parrillero ya se había ensayado en la época de Pablo Escobar. Reducir la edad penal se ha planteado varias veces, sin que esa sea la solución, como se vio con el parrillero de 16 años que participó en el crimen de Rodrigo Lara.

En materia legal hemos hecho de todo. Ya perdimos la cuenta de los ‘estatutos’ expedidos para combatir el terrorismo y el crimen organizado, para defender la democracia o para frenar la delincuencia... También, numerosas leyes para combatir la mal llamada ‘microdelincuencia’, o la de ‘pequeñas causas’.

Las penas han subido o bajado alternativamente, así como las causales de excarcelación. La seguridad pública debe, entonces, manejarse de manera integral, incluida la que tiene que ver con la superación de una de sus causas: el conflicto armado y sus consecuencias.

Es verdad que en las ciudades grandes, e incluso intermedias, se ha avanzado en materia preventiva al instalar cámaras para identificar y luego capturar a los criminales. Las autoridades de policía han hecho cuanto han podido poniendo a los acusados a disposición judicial.

Mientras no se asuma el problema en toda su complejidad y nos circunscribamos a la cuestión policial, no va a resolverse. Los candidatos deben ir más allá de los lugares comunes. La seguridad debe ser vista de manera preventiva, para estudiar con los criminólogos las causas del delito.

Algo nos debe decir el hecho de que los delitos afecten sobre todo la vida, la integridad personal y la propiedad. Obviamente, seguridad, justicia y, también hay que decirlo, política social van de la mano. El Congreso no puede seguir aprobando normas coyunturales y en forma desordenada.

El sistema penal acusatorio hizo agua. Se ha abusado de los beneficios penales. No se le ha querido poner toda la atención a la inversión en el problema carcelario, porque eso no produce votos, como decía Echandía siendo ministro de Justicia.

El conflicto armado probablemente distrajo a la Policía Nacional de su papel principal de defender la seguridad ciudadana. La Policía debe ser fortalecida, y concentrarla en la defensa del ciudadano. No esperar la próxima barbaridad para mirar integralmente el asunto de la seguridad.

ALFONSO GÓMEZ MÉNDEZ

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