Opinión

Rodrigo Lara Bonilla

Sus alumnos disfrutaban su conocimiento no solo de la teoría, sino de la práctica política.

02 de mayo 2017 , 11:12 p.m.

Durante la presentación en Corferias del libro de Julio Sánchez El general de las mil batallas –entrevista con el vicepresidente de la República, general Óscar Naranjo– el periodista sugirió que dado lo apasionante que resulta la vida del General, bien valdría la pena llevar ese texto a la televisión. El destacado oficial, quien se lució respondiendo preguntas no siempre fáciles, dijo que ya es hora de que los colombianos conozcan la trayectoria no solo de los criminales, sino de quienes los han enfrentado.

Es cierto. Hoy, los jóvenes, gracias a libros y series televisivas, conocen más de Pablo Escobar, ‘Popeye’, ‘el Mugre’, ‘Tomate’, los Rodríguez Orejuela, los Castaño, que de Gaitán, Galán, Lara Bonilla, Guillermo Cano, Carlos Mauro Hoyos, los coroneles Jaime Ramírez Gómez y Valdemar Franklin Quintero, los magistrados caídos en el Palacio de Justicia, para citar solo algunos de los asesinados en su lucha por un país mejor.
Y justo ahora, pasó inadvertida una fecha crucial de nuestra historia reciente: el 30 de abril, cuando en 1984 fue brutalmente asesinado por la mafia del narcotráfico, y al parecer con otras complicidades, el fogoso ministro de Justicia del gobierno Betancur, Rodrigo Lara Bonilla. El mismo día de 1991 cayó abatido, inerme y abandonado por el Estado, otro ministro de Justicia enfrentado a los narcotraficantes: el jurista, economista, académico y hombre justo como pocos, Enrique Low Murtra.
Tuve la fortuna de conocer en el Externado a Lara Bonilla, de arrolladora personalidad. Tenía el desparpajo de las gentes del Tolima Grande. Dirigente universitario, se perfilaba ya como gran líder y pensador social, con su oratoria desbordante, producto de sus lecturas y conocimiento de la historia. Me llamaba la atención que siendo estudiante de cuarto año ya usara corbatín, sin ser turbayista.
Recién egresado de la universidad, fue designado alcalde de Neiva. Luego completó sus estudios de derecho público en París. Si bien después se distanció del Compañero Jefe, militó en el MRL siendo casi adolescente y estuvo, en el origen fundacional del Nuevo Liberalismo, como ‘coequipero’ de Galán. Brillante orador parlamentario y juicioso senador, se destacó, cuando no se usaba, como defensor de los derechos humanos. Su extraordinario sentido del humor, sin expresiones hirientes, generaba pánico en sus contradictores. Tuvo además la disciplina del profesor universitario.

Sus alumnos disfrutaban su conocimiento no solo de la teoría, sino de la práctica política y de su gran capacidad como expositor. Escribió varios textos sobre Política y el Congreso. Muchas de sus reflexiones sobre la necesidad de la oposición –lo imperioso de darle garantías, el rechazo a la exclusión– subyacen en el Estatuto recién aprobado por el Congreso bajo las expertas manos del ministro Juan Fernando Cristo. Contaba con amplio respaldo en las clases populares por su personalidad abierta, descomplicada y sincera. La mafia, con el tristemente célebre Evaristo Porras, al parecer utilizado por políticos, le tendió una emboscada infame que le produjo honda herida a su limpio corazón.

Él había iniciado una lucha sin cuartel contra las organizaciones criminales, que ya con tentáculos en la política querían hacer de Colombia un narcopaís. Los enfrentó con valor. Pero como dijera, ese infausto 30 de abril su maestro, el rector del Externado, Fernando Hinestrosa, “todos lo dejamos solo”, ya que el país no había tomado en serio sus denuncias, como la de la mafia en el fútbol, reiterada por el fiscal Néstor H. Martínez en reportaje a María Isabel Rueda.

Los jóvenes de hoy ignoran que este político de apenas 37 años ya acreditaba brillante carrera que, sin duda, lo hubiera llevado a la Presidencia. Lo cruel es que si los narcos hubieran sabido que años después tendrían, como tuvieron, la garantía de no extradición, probablemente estarían vivos, como dije, centenares de ciudadanos que, como Lara, honraron en grado sumo a este país.

Buena idea: dejar ya de lado la historia de los malos y hacer la de los buenos.

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