Opinión

Reflexiones políticas

Si gana Duque, “sus primeros cien días” demostrarán la orientación de su gobierno.

13 de junio 2018 , 12:00 a.m.

En esta época electoral, donde la emotividad ha prevalecido sobre la racionalidad, muchas cosas se dicen acerca de la campaña presidencial y de los candidatos, desconociendo, o su trayectoria o su pensamiento real y hasta la propia historia del país.

A veces se atribuyen al candidato palabras o posturas que no ha asumido, o se lo critica no por sus posiciones o conductas, sino por las que justa o injustamente se endilgan a otros.

En cuanto a Iván Duque, por ejemplo, la mayoría de sus críticos reconocen que ha dado muestras de conocer el debido manejo de los problemas del país, su madura juventud, su capacidad de trabajo, su sólida formación académica, su tono y estilo conciliador, su capacidad para conectarse con la gente y su sentido de liderazgo, entre otros atributos, que le permitirían ser un buen gobernante para la Colombia de hoy.

No se ha oído, ni siquiera de sus más ácidos contradictores, tacha alguna a su vida pública o privada, ni por desvaríos en el manejo de la cosa pública. Pocos saben que uno de sus inspiradores en política ha sido mi coterráneo y maestro, expresidente Darío Echandía.

Por cierto, hace unos años hablamos de la necesidad de hacer una completa biografía de ese quijote y filósofo de la política, inspirador de la reforma constitucional de 1936 durante la revolución en marcha de López Pumarejo, que introdujo en lo esencial el concepto de Estado social de derecho.

A veces se atribuyen al candidato palabras o posturas que no ha asumido, o se lo critica no por sus posiciones o conductas, sino por las que justa o injustamente se endilgan a otros.

Nunca he sabido que Duque haya planteado hacer trizas los acuerdos de paz, algo que por lo demás nadie podría empeñarse en hacer no solo por las reformas constitucionales vigentes, sino por las decisiones de la propia Corte Constitucional.

Como dije en reciente entrevista para Semana, no sería raro que quien ha sido acusado de pretender violar los acuerdos sea quien finalmente se empeñe en enmendar los errores cometidos en el posconflicto, que han impedido la consolidación de la paz. En 1982, López, candidato derrotado, prometía la paz pero a la postre fue Betancur quien como presidente dio el audaz paso de buscar la solución política al conflicto armado, igual que lo han intentado sin excepción los jefes de Estado cuando menos en los últimos 40 años.

Algo parecido se dio en 1998 cuando Serpa, candidato de la paz, fue derrotado por Pastrana, quien desde antes de posesionarse inició conversaciones con las Farc, que no prosperaron por las evidentes fallas del Caguán.

Curioso que la única crítica a Duque sea que supuestamente lo manejaría Uribe. Y extraño que la mayoría de quienes formulan tan infundado cargo sean antiguos furibundos uribistas beneficiarios de su gobierno como ministros, embajadores y otros altos funcionarios, algunos de ellos propiciadores de su reelección, aparte de entusiastas aduladores. Por cierto, lo mismo se decía en el 2010 de Santos, quien en momentos difíciles se presentaba como el candidato de Uribe y le reconoció ampliamente su participación en su triunfo en su primer discurso de posesión.

Si gana Duque, “sus primeros cien días” demostrarán la orientación de su gobierno. Como demócrata, en campaña se ha comprometido a cumplir la Constitución, lo que supone conservar la independencia de los poderes y respetar los fallos de la Corte Constitucional sobre derechos de las minorías, algo que él no ha puesto en duda en su campaña. Tiene en sus manos la posibilidad de darle un timonazo a la Nación inaugurando una relación no clientelista con el Congreso, como en su momento lo hizo López Pumarejo llevando gente joven y no contaminada al Gobierno. Bien se merece un compás de espera y no hay que desconocer a priori sus propias e indudables capacidades de hombre público.

Retirado hace meses de las orientaciones equivocadas del liberalismo bajo la errática dirección de César Gaviria y sus amigos, como liberal independiente y más allá de cuanto decida ese grupo –que no es el mío–, en la coyuntura actual y como socialdemócrata considero que Iván Duque es la mejor opción para el país. Si es elegido, estoy seguro de que no defraudará la confianza de los colombianos y podría, además, encarnar un verdadero cambio generacional.

ALFONSO GÓMEZ MÉNDEZ

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