Opinión

Peripecias de las encuestas

No es fácil entender su diversidad ni sus disímiles y a veces contradictorios resultados.

31 de mayo 2017 , 12:00 a.m.

Variados son los temas que se agitan por estos días con motivo de la reforma electoral presentada por el Gobierno al Congreso y que tendría como objetivos, entre otros, estimular la participación, depurar las elecciones, evitar la financiación indebida e ilícita de campañas, mejorar y enseriar los partidos.

Tal vez como consecuencia del prematuro surgimiento de toda clase de candidaturas, más el tema del curso del proceso de paz y sus vicisitudes, ha habido una proliferación de encuestas, tema por cierto bien sensible en una eventual reforma, pues es difícil su regulación sin afectar de alguna forma la libertad de empresa y hasta la de expresión.

Si bien, como dice mi amigo Alberto Casas, “para una encuesta, otra encuesta”, no es fácil entender su diversidad ni sus disímiles y a veces contradictorios resultados, descontando que las explicaciones de tal fenómeno son obvias: que una encuesta es solo una fotografía del momento que puede cambiar en meses, días y hasta horas; que todo depende del método empleado, de su cobertura poblacional y regional, y aun de quien la contrate.

Los medios no hacen encuestas, solo las divulgan. Ante preguntas vagas que suelen repetirse, nadie sabe hacia dónde apuntan las respuestas, como si el encuestado cree que el país va por buen o por mal camino. Todo depende de lo que el preguntado esté pensando en el momento de responder, así como de sus condiciones personales, nivel de instrucción, situación económica, entorno familiar, etc., todo dentro de un listado de posibilidades de enormes dimensiones.

Aparte de que temas como la paz o la lucha contra la corrupción
no figuran entre las prioridades
de los encuestados, en todo orden los resultados de las encuestas extrañan

Hoy, naturalmente, imperan las de favorabilidad o intención de voto sobre “aspirantes” a la presidencia, cuya proliferación (dizque pasan de 30) obedecería, o bien a solidez del sistema democrático, o, como decían en la costa Caribe, a que todos los políticos comenzaron a pensar que “el mango está bajito”.

Si hasta hace pocos años se empezaba a aspirar a la presidencia después de larga trayectoria en concejos (Gómez Hurtado y López Michelsen en Bojacá), asambleas (Carlos Lleras en Cundinamarca), Congreso, ministerios o servicio diplomático, amén de sólida formación política, humanística y hasta literaria, hoy basta un éxito de coyuntura para esperar que el próximo paso sea el solio del Libertador.

Aparte de que temas como la paz o la lucha contra la corrupción no figuran entre las prioridades de los encuestados, en todo orden los resultados extrañan: ¿cómo entender que los colombianos no vean las ventajas evidentes de vivir en paz? ¿O que a pesar de los problemas se desconozca la seria labor en materia de salud de un ministro dedicado como Alejandro Gaviria, para citar un solo caso? ¿O que personas con tan amplio, eficaz y brillante recorrido público como el liberal Carlos Holmes Trujillo, hoy en el Centro Democrático, registren tan baja intención de voto? ¿O que no se valore como es debido a Marta Lucía Ramírez, eficiente y honesta funcionaria en distintos gobiernos?

Llama positivamente la atención el auge del joven senador Liberal Juan Manuel Galán, una especie de Macron a la colombiana.

Pero tal vez el caso más diciente es del gran orador Humberto de la Calle, nadaísta en sus años mozos, registrador nacional, ministro de Gobierno y artífice de la Constituyente con Gaviria, vicepresidente de Samper, cofundador de Cambio Radical, ministro de Gobierno con Pastrana y patriótico negociador de paz durante cinco años con Santos. Mayor exposición pública, imposible. Es injusto lo que pasa con él.

Lo mismo podría decirse del recién retirado ministro del Interior Juan Fernando Cristo: consejero de comunicaciones, viceministro y embajador con Samper, curtido desde el liberalismo en la oposición a Pastrana y Uribe, deja honda huella como ministro del Interior de este gobierno. Y la lista es larga...

No me cuadran los magros resultados de las encuestas. ¿Qué les pasa? ¿No son todos los que están? ¿O no están todos los que son? ¿Las encuestas registran o crean hechos políticos?

ALFONSO GÓMEZ MÉNDEZ

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