Opinión

Paz, cultura y delincuencia

La causa principal de muerte sigue siendo la delincuencia común, ajena al conflicto armado.

29 de noviembre 2017 , 12:00 a.m.

Durante todo este tiempo, y para justificar tantos cambios institucionales, se ha invocado el artículo 22 de la Constitución del 91, conforme al cual “la paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento”. Aun cuando vale la pena mencionar que no ha sido la única ocasión en que en nuestra Constitución se ha utilizado la palabra ‘paz’ como valor fundamental.

Es cierto que el accionar de las Farc fue uno de los principales factores que nos impedían vivir en armonía, pero no era ni es el único. Ahí subsiste el Eln, afortunadamente en camino de entrar también en la vía de la solución política. Muchas son las situaciones que deben manejarse para que en términos constitucionales podamos ‘vivir en paz’. Citemos algunas.

Lamentablemente, el narcotráfico es uno de los mayores disparadores de la violencia en el país. Todo parecería indicar que no hemos avanzado mucho en neutralizar sus efectos perturbadores y que, con razón, desde varios sectores se sigue cuestionando la eficacia de la llamada guerra contra las drogas. Pero la causa principal de muerte sigue siendo la delincuencia común, ajena por completo al conflicto armado.

Basta leer las cifras que con acierto nos entrega periódicamente el Dr. Carlos Eduardo Valdés, director de Medicina Legal. Aún hoy se producen más muertes por imprudencia en las carreteras, entre otras cosas por impotencia o negligencia del Estado para impedirlas, que por la propia confrontación armada.

Me impresionó ver en la televisión a jóvenes en el funeral de ‘Inglaterra’ gritando que querían imitarlo. Es posible que sea el resultado de tantas series de televisión que muestran vidas de narcos.

No pasa día sin que tengamos noticia de asesinato violento de mujeres por sus parejas o exparejas. Incluso son alarmantes las cifras de suicidios, principalmente entre la población adolescente. Los crímenes contra líderes sociales no ceden, y la ciudadanía parece haberse anestesiado, pues ya ni reacciona.

Las bandas del crimen organizado son las que más muertes y desplazamiento causan. En este frente, el Estado ha comenzado a dar muestras irrefutables de éxitos sin precedentes en los últimos meses. El llamado ‘clan del Golfo’ implica una mezcla explosiva de narcos, exguerrilleros, exparamilitares, matones y hasta violadores de mujeres.

La institución policial, para estos efectos bajo el mando del general José Luis Vargas y con el apoyo de Ejército y Fuerza Aérea, ha dado contundentes golpes a esta supérstite organización criminal. Entre el 15 de marzo y el 23 de noviembre de este año, prácticamente se desmanteló esa banda criminal y murieron en combate con la Fuerza Pública los conocidos por los alias de Ramiro Bigotes, Pablito, Gavilán e Inglaterra.

La paradoja en este caso es que mientras la Dijín y la Inteligencia de la Policía desvertebran esta tenebrosa banda, parte de la ciudadanía de los municipios de Antioquia y Chocó donde actuaban los despiden como héroes y benefactores del pueblo. La revista Semana informa: “Con corridos prohibidos y caravana recibieron el féretro del tercero al mando del ‘clan del Golfo’ ”. Esos multitudinarios funerales me hicieron recordar ese diciembre de 1989, cuando a Pacho llegó el cadáver del ‘Mexicano’ –también abatido por la Policía– y varias personas en el pueblo insultaban a los agentes del Estado y recibían a los periodistas con ataques.

Me impresionó mucho ver en la televisión a jóvenes en el funeral de ‘Inglaterra’ gritando que querían imitarlo. Es posible que sea el resultado de tantas series de televisión que muestran vidas de narcos. A los productores no les llama la atención presentar series sobre Galán, Pardo Leal, Rodrigo Lara o Jorge Eliécer Gaitán.

Si no se combaten esos otros factores que afectan la convivencia, incluido el que tiene que ver con la cultura, de nada habrán servido los sacrificios institucionales para concertar la paz con las Farc.


Claudia Blum

En su libro 'Mi vida en lápiz', presentado en el Gimnasio Moderno, Claudia Blum de Barberi deja valioso testimonio de episodios recientes de nuestra historia. Recuerdo su activa participación como legisladora. Fue de las pocas que se atravesaron al embeleco del sistema acusatorio.

ALFONSO GÓMEZ MÉNDEZ

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