Opinión

El posplebiscito

Hay que prepararse desde ahora, empezando por evitar a toda costa que vuelvan a darse asesinatos selectivos de exguerrilleros desarmados, de líderes de izquierda o de organizaciones sociales.

13 de septiembre 2016 , 05:28 p.m.

Sin incurrir en contraproducente triunfalismo, todo parece indicar, según las últimas mediciones de casi todas las firmas encuestadoras, que el Sí al plebiscito le ganaría con ventaja considerable al No.

Mucha agua ha corrido bajo los puentes desde que la Corte Constitucional, con algunos condicionamientos, dio vía libre a la convocatoria popular y el Congreso autorizó la petición presidencial para su realización el domingo 2 de octubre.

Lamentablemente, en sectores puntuales ha surgido cierta pugnacidad, a veces llevada al terreno personal, entre partidarios de una y otra opción. Aun cuando los acuerdos han sido ampliamente difundidos, no podemos llamarnos a engaño: quienes voten en uno u otro sentido no lo hacen por haber entendido plenamente las ya famosas 297 páginas. Se vota sobre si esos acuerdos son Sí o No la mejor opción posible para poner fin a la confrontación armada con las Farc.

Me encuentro entre quienes consideran que Sí lo son, pese a algunas reservas jurídicas. Desde esos anuncios ha ido creciendo la intención de voto por el Sí. Los negociadores, dirigidos por Humberto de la Calle y Sergio Jaramillo, han aclarado con lenguaje sencillo las dudas razonables sobre aspectos puntuales del acuerdo, sin descalificar agresivamente a los partidarios del No.

Acierto indudable del presidente Santos fue involucrar desde el primer momento del proceso a la cúpula de las Fuerzas Militares y de Policía. Paradójicamente, como dice María Jimena Duzán en Semana, esos generales, activos unos, retirados otros, se han convertido en el mejor aporte al Sí.

Quienes combatieron con ardentía a las Farc en cumplimiento de su deber han sido quienes mejor les han hecho entender a los colombianos la urgencia del perdón y la necesidad de conciliar, hasta donde sea posible, los valores constitucionales de la justicia y la paz.

El país ha descubierto en los generales Alberto José Mejía, comandante del Ejército; Javier Flórez, jefe del Estado Mayor Conjunto, y Óscar Naranjo, exdirector general de la Policía, a brillantes expositores, sosegados, calmados, conocedores como pocos de las inclemencias del conflicto, patriotas en la plena acepción de la palabra. Con sus intervenciones, ellos han explicado muy bien que la mayor victoria para un soldado es la paz, al punto de que han resultado, en cierto modo, más eficaces que los políticos a la hora de convencer a los colombianos de las bondades de la anhelada paz.

Al debate se han incorporado sectores habitualmente abstencionistas como los jóvenes y gentes de izquierda. Tal vez desde el Nuevo Liberalismo o la séptima papeleta no veíamos estudiantes de bachillerato y universidad participando en política en grande, con la bandera del Sí a la terminación de un conflicto que los ha afectado. Al igual que para la reelección presidencial de Santos, sectores de izquierda, entonces decisorios en la segunda vuelta, visten otra vez la camiseta.

Hay que prepararse desde ahora para el posplebiscito, empezando por evitar a toda costa que vuelvan a darse asesinatos selectivos de exguerrilleros desarmados, de líderes de izquierda o de organizaciones sociales. Si eso no se impide, el proceso estallará en pedazos como ocurrió con los acuerdos durante los gobiernos de Barco y de Betancur. Inquieta el asesinato reciente de más de diez dirigentes sociales.

Afortunadamente, el Estado está preparado, con la Unidad Nacional de Protección y con la Dirección de Protección de la Policía. Habrá que comenzar a analizar el “arsenal jurídico” que supone el desarrollo por el Congreso de reformas Constitucionales y legales en muchos aspectos del acuerdo final.

La Justicia Especial para La Paz es el gran reto, integrada sin demoras ni dudas sobre sus procedimientos, dado que es la columna vertebral del acuerdo. Y, obviamente, todos debemos prepararnos para hacer verdad los espacios democráticos y levantar las barreras existentes para combatir las desigualdades. O sea, abrir paso a un proyecto real de social-democracia.

Alfonso Gómez Méndez

Ya leíste 20 artículos gratis este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido
desde $10.999 al mes.

¿Ya eres suscriptor? Ingresa

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta gratis y pódras disfrutar de:

  • Acceso ilimitado al contenido desde cualquier dispositivo.
  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta gratis y disfruta de acceso ilimitado al contenido, desde tu computador, tableta o teléfono inteligente.

Disfruta del contenido sin límites

CREA UNA CUENTA GRATIS


¿Ya tienes cuenta? INGRESA