Opinión

‘Vietnam, la guerra’

La realización de la serie es impecable, desde lo formal y lo temático.

19 de enero 2018 , 11:26 p.m.

Toda guerra es una catástrofe para la humanidad. Después de mirar la serie documental Vietnam, la guerra, (2017), de Ken Burns y Lynn Novick, sentimos con horror reflexivo uno de los episodios más oscuros del siglo XX. La serie, de 10 capítulos, 990 minutos, refleja la lucha entre ideología y libertad, entre comunismo y capitalismo, entre David y Goliat, y narra desde diferentes ópticas dos décadas (1955-1975) de barbarie. Se calcula que perdieron la vida más de 5 millones de personas, la mayoría civiles, y que Estados Unidos tuvo más de 60.000 militares muertos. La posible unificación de un Vietnam comunista llevó a EE. UU. a lanzarse en esta osadía, que abrió enormes grietas en su espíritu democrático. Mientras el país del norte apoyó a Vietnam del Sur, los del Vietcong del norte recibieron la ayuda de China y la desaparecida Unión Soviética. Es decir, las superpotencias moviendo las fichas de la muerte en un juego inhumano.

La realización de la serie es impecable, desde lo formal y lo temático, pues aparecen los protagonistas antagónicos, y, a través de sus voces y las imágenes de archivo, tenemos una visión compleja de lo que sucedió. La terquedad cruel de Lyndon B. Johnson; la matanza de civiles por los norteamericanos; el misticismo demente de Ho Chi Minh y sus aliados, arrastrando a mujeres, niños y hombres a un foso cruel y sin regreso; las protestas internas en Estados Unidos en contra de la guerra, que causaron disturbios y asesinatos; la oposición radical de Martin Luther King; el uso indiscriminado de la terrorífica bomba incendiaria de napalm; más de 30 millones de misiones en helicópteros; en 1968, Estados Unidos ya había enviado 485.600 soldados al país asiático; la primera vez que una guerra es transmitida en directo; por supuesto, la serie nos recordó a Apocalypse Now, de Coppola, la película basada en El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad, en la cual percibimos que realidad y ficción en Vietnam son la misma escenificación de un teatro siniestro.

Al final, después del desangre, nadie queda impune de esta vergüenza mundial; Estados Unidos pierde la guerra, militar y moralmente, pues Vietnam se unifica en una sola nación socialista. Vietnam, la guerra es un valioso aporte a la memoria histórica y demuestra cómo la guerra es un salvaje anacronismo en el que ninguno gana y la humanidad se envilece.

ALFONSO CARVAJAL

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