Opinión

Carson Mccullers: 100 años

Fue una de las voces narrativas más extraordinarias de Norteamérica en el siglo XX.

11 de noviembre 2017 , 12:00 a.m.

Con su cara de niña eterna, con sus extravíos, unos mentales otros físicos, Carson McCullers fue una de las voces narrativas más extraordinarias de Norteamérica en el siglo XX. Se están cumpliendo cien años de nacimiento de este raro prodigio del llamado “gótico sur”, del cual formó parte también William Faulkner.

A excepción de su obra más significativa, 'El corazón es un cazador solitario', escribió novelas breves y relatos, algunos acaecidos en sus cursos en las maestrías de escrituras creativas de las universidades de Nueva York y Columbia. Pianista fallida, escritora precoz. Una fiebre reumática mal diagnosticada marcaría su vida. La literatura fue el aliento de su atormentada y corta existencia (1917-1967): “No me gustaría vivir si no pudiese escribir... La escritura no es solo mi modo de ganarme la vida; es como me gano mi alma”.

Una mujer que hizo de la literatura su fortín, su guarida, el espejo donde se ven nítidamente los momentos sublimes y decadentes de toda vida humana.

Aquí recordamos 'La balada del café triste', que Ricardo Camacho y el Teatro Libre llevaron hace unas décadas al ámbito dramatúrgico. Una extraña obra donde al final una fiera mujer boxea con un amor del pasado y el mundo desaparece súbitamente.

Fue bisexual, pero, más allá del contacto físico o de la experimentación erótica, fue una “romántica frenética”. ¿Qué la hizo excepcional? La radicalidad al escribir: leyó a Proust, a los rusos del 19, de allí ese encanto por las pasiones humanas que supo transmitir con una inocente crudeza, con una histeria colosal. En 1958 afirmó que tenía más que decir: “Que Hemingway y Dios saben que lo he dicho mejor que Faulkner”. Y no fue una boutade a la densidad brumosa de Faulkner y la prolijidad de Hemingway; ella impuso una mirada transparente, descriptiva y sicológica, que desnudaba las emociones con una maestría y sencillez irresistibles.

Fue contemporánea de Flannery O’Connor, Katherine Anne Porter y Eudora Welty. Su autonomía literaria la define con holgura el escritor Rodrigo Fresán: “Pertenece a ese tipo de artista que parece empezar y terminar en sí mismo”. Una sensibilidad portentosa, que agudizó la observación sobre los seres humanos y el escrutinio casi científico de la escritura. Una mujer que hizo de la literatura su fortín, su guarida, el espejo donde se ven nítidamente los momentos sublimes y decadentes de toda vida humana. Una mujer que hay que volver a leer para seguir excavando en el misterio de estar vivos y tratar de contarlo.

ALFONSO CARVAJAL

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