Opinión

La historia de Lucila y la desigualdad de las mujeres

Todo justifica el buen trato hacia las mujeres; en cualquier época, en todo lugar.

13 de septiembre 2017 , 12:00 a.m.

A Lucila no siempre la trataron bien los hombres.

Es madre de seis hijos: tres mujeres y tres hombres; abuela de seis nietos: tres mujeres y tres hombres; y bisabuela de tres niñas y tres niños.

Esposa de un solo hombre, quien la dejó sola con sus seis hijos, seis nietos y seis bisnietos en una ciudad desconocida; en una sociedad machista, clasista y regionalista de mediados del siglo pasado.

Como los héroes bíblicos que suele leer todas las noches, ella contaba con algo de fe y una única arma. En este caso era una maquina marca Singer con la cual cosía remiendos y cogía dobladillos a los pantalones de los vecinos. Con la fe se arropaba desde el inicio temprano del día y con la máquina juntaba monedas y algunos billetes para comprar la panela y el arroz necesarios para alimentar a su familia.

Esta historia no tiene un final triste. Sus hijos estudiaron, trabajaron y salieron adelante. Igual sucedió con sus nietos y seguramente pasará con sus bisnietos. Pero sí es una historia con episodios que pudieron evitarse.

Algunos hombres que pasaron por su vida no la trataron como merecía. Algunos la agredieron y otros la olvidaron. Y ella también quiso olvidar. Protestó, exigió respeto, alzó la frente y se levantó valiente cada nuevo día para continuar su historia.

Ella también quiso olvidar. Protestó, exigió respeto, alzó la frente y se levantó valiente cada nuevo día para continuar su historia

Si le preguntan a Lucila, dirá que nunca les falló a esos hombres. Y así ocurrió. Y dirá que poco recuerda lo malo que ellos le hicieron. Y así mentirá.

En 2017, hace un par de meses, Lucila cumplió 83 años, aunque su cédula dirá algo diferente. En 2017 también se cumplen 100 años de la huelga que hicieron cientos de mujeres en Rusia para demandar “pan y paz”, como reacción ante los millones de hombres muertos. Protestaron contra la discriminación, pero, a su vez, gritaron para que sus hombres no fueran asesinados en la guerra.

Ellas rechazaron la desigualdad que generaron sus hombres y, al tiempo, lucharon por el bienestar de ellos. Como Lucila. Como también lo hacen miles de mujeres en esta sociedad aún machista, clasista y regionalista de comienzos de siglo.

Todo justifica el buen trato hacia las mujeres. En cualquier época; en todo lugar.

Adición: debemos apoyar al Estado y a otras organizaciones no gubernamentales en la concreción de acciones para que las mujeres accedan a la tierra, participen en política y tengan una vida libre de violencias.

ALEJANDRO RIVEROS

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