Opinión

Es el tonito

Es el fondo y son las formas, señor presidente. Y es el tonito.

06 de agosto 2018 , 11:56 a.m.

Alegra leer las 68 páginas del libro 'Colombia avanza', que recopila los logros que ha tenido usted, y todas las familias y las empresas colombianas, en los últimos ocho años (porque de todos son sus logros, y de todos son sus derrotas). De una forma simple, fácil de entender y con fotos emotivas, revivimos los avances y entendimos las cifras económicas y sociales alrededor de su legado. Es un ejemplo de que la forma ayuda a comunicar lo que el lector supone es el resultado de esfuerzos normativos y decisiones difíciles. El fondo y la forma correcta.

Pero sorprende el tono poco conciliador y apurado con el que algunos funcionarios han subestimado los reclamos de las agremiaciones del país sobre tres propuestas para modificar temas fundamentales en la dinámica social y empresarial.

Se trata de la implementación de la ‘Línea Negra’, el protocolo para la coordinación de las acciones de respeto y garantía a la protesta pacífica, y la resolución que les entregaba roles de autoridad ambiental a las comunidades afrodescendientes, tres iniciativas aparentemente loables y garantistas, pero que en el fondo podrían restringir algunas libertades, desconocer instituciones y otros derechos fundamentales.

Sobre el protocolo para la protesta pacífica, para ahondar solo en uno de estos, no se tuvieron en cuenta la industria ni las autoridades locales; no se revisaron los derechos de los que no protestan, dejando a un lado las garantías de libre movilización, trabajo y seguridad, y lo peor: se puso a comentarios un viernes en la noche, casi al mismo tiempo que se organizaba el evento de la firma.

Respeto el derecho a la protesta; creo firmemente en que una sociedad democrática se fortalece en medio de los disensos y del diálogo. Sin importar las posiciones políticas e ideológicas, todos los colombianos tenemos derecho criticar y alzar el brazo en señal de protesta, y el Estado debe garantizar que esto sea posible bajo los parámetros del respeto y de la legalidad.

Pero también estoy convencido de que se deben brindar los elementos necesarios para que, en medio de una protesta, no se vulneren los derechos fundamentales de quienes no protestan, no se transgredan otros derechos ni se irrespeten lineamientos básicos de convivencia, seguridad y libertad.

¡Se deben garantizar la gobernabilidad y el control de las situaciones que alteren el orden público, y es indispensable preponderar los derechos de las mayorías sobre los intereses particulares!

Ese protocolo, que se confunde con un manual de convivencia para privilegiar a unos y someter a otros, no solo es insuficiente en el fondo; en la forma tampoco satisface revisiones superficiales, ni contó con la socialización y el debate de todas las partes interesadas, y no se compadece con los procedimientos necesarios para cambiar la normatividad en este tema. Otro aspecto no menor: se firma a pocos días del cambio de gobierno.

Algo no salió bien esta vez. Y algo saldrá mal como resultado de esto. Acá, el fondo y las formas no estuvieron a la altura de un asunto tan álgido; tampoco ayudó el tonito.

Adenda: Colombia termina un periodo en el que avanzó y se alejó de lo que era hace 20 años. Los logros y derrotas del nuevo presidente también serán los logros y derrotas de todos los colombianos.

ALEJANDRO RIVEROS

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