Opinión

Breviario de los políticos

Lo que puede solucionarse con paz y tranquilidad no hay que resolverlo con guerras o litigios.

14 de noviembre 2017 , 12:04 a.m.

Hurgando textos sobre la vida del cardenal Richelieu y la forma como movió los hilos políticos de la Europa del siglo XVII para acabar con los Habsburgo, me tropecé con otro protagonista de la historia francesa menos conocido pero muy influyente y poderoso gracias al auspicio de Ana de Austria y del propio Armand Jean du Plessis.

También fue cardenal, aunque no era sacerdote, y se convirtió en primer ministro de Francia, aunque era italiano. Giulio Mazarini era su nombre; ‘Breviario de los políticos’, el libro que reseña sus enseñanzas sobre el ejercicio de la política, el arte de la persuasión y las tácticas de expresión corporal para que los líderes proyectaran una imagen de poder, fortaleza y credibilidad.

Encontré también que esta obra barroca es comparada usualmente con ‘El Príncipe’ de Maquiavelo. Algunos dicen incluso que las tretas y artimañas que recomienda Mazarini harían sonrojar a cualquier estratega político renacentista. Lo cierto es que este manual de comportamiento cínico fue implementado por el rey Luis XIV y pasó de biblioteca en biblioteca hasta llegar a consolidarse como un ejemplo de realismo político.

Faltan seis meses para las elecciones presidenciales en Colombia, y, como hace poco más de un cuarto de siglo, la gestión de imagen y reputación tendrá un rol importante en las campañas.

Son muchos los analistas y asesores de comunicación que ya emprenden paseos intelectuales por las bibliografías del mercadeo electoral para descifrar cómo llamar la atención, armar un discurso apropiado, manejar el lenguaje físico y convencer a las audiencias. Al final, todos querrán convertir a su personaje en un producto de consumo popular que ponga en práctica, entre otras cosas, las máximas del cardenal italofrancés.

Estarán de moda en los próximos meses viejas teorías de persuasión. Desde los métodos de legitimación de poder de Weber hasta las recomendaciones de Sun Tzu, Churchill y Goebbels para vencer enemigos. Los debates de Nixon vs. Kennedy y Carter vs. Ford serán una vez más ejemplos de lo que se debe y no se debe hacer en la lucha electoral.

Habrá discusiones internas en las campañas sobre si negarse a los debates de televisión como hizo inicialmente Ford, si usar mensajes extremistas como lo hizo Johnson o si es necesario incursionar en propaganda negativa como hizo Bush contra Dukakis. No hay duda: la influencia estadounidense en la práctica de las relaciones públicas es la más grande que hemos tenido.

Detrás de cada uno de los veintipico precandidatos a ser presidente habrá un círculo de asesores diciéndoles cómo deben comportarse para conseguir y mantener el poder. Así lo hizo el cardenal Mazarini para el Rey Sol, quien puso en práctica su tratado político hasta convertirlo en, como diría el prólogo del libro, “una sátira de un mundo en el que las virtudes que tradicionalmente habían sido ensalzadas en los políticos parecen verse sustituidas por otras nuevas en las que la consecución de los objetivos personales eclipsa cualquier consideración de orden moral”.

Pero todo esto será normal. La campaña habrá comenzado, y los políticos ya tendrán listo su breviario.

Dejo algunos de los principales –y no tan cínicos– axiomas de Mazarini:

1. Hay que conocer a fondo el mal para poderlo combatir.

2. Lo que puede solucionarse con paz y tranquilidad no hay que resolverlo con guerras o litigios.

3. Más vale sufrir un ligero contratiempo que, por esperar grandes beneficios, hacer progresar la causa de otro.

4. Desconfía de aquello a lo que te arrastren tus sentimientos.

5. Cuando tengas que hacer un regalo u ofrecer un banquete, medita la estrategia como si se tratara de una acción bélica.

6. Acepta los secretos con la misma precaución con la que aceptarías a un prisionero enemigo que tiene pensado degollarte.

7. No te dediques a explicar cómo en otro tiempo te difamaron o te perjudicaron injustamente, pues con ello no haces sino propalar esta difamación y siempre habrá a quien le parezca bien.

8. No entres en discusión sobre asuntos poco claros, a no ser que estés seguro de salir victorioso.

ALEJANDRO RIVEROS

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