Opinión

Aviso a los políticos

Lula actuó como un integrante más de la élite corrupta, especialista en cuidarse la espalda.

15 de julio 2017 , 12:00 a.m.

Siguen apareciendo las ramificaciones de la operación Lava Jato, liderada por jueces brasileños, que ha destapado un espectacular entramado de corrupción en América Latina –Colombia incluida– por el cual han rodado varias cabezas notables. El caso que ha causado más conmoción sucedió esta semana, cuando Sergio Moro, el juez que conduce la operación, condenó al expresidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva a casi diez años de prisión por haber recibido un apartamento de una constructora beneficiaria de contratos para obras públicas.

Es la sentencia condenatoria más importante en la historia brasileña. “La responsabilidad de un Presidente de la República es enorme y, por tanto, también lo es su culpabilidad cuando comete crímenes”, escribió Moro en su fallo. No es apenas que se trate de un expresidente en desgracia lo que hace de este caso una raridad, sino el hecho de que se trate de Lula da Silva, una extraordinaria figura de quien muchos creían estaba predestinada a la grandeza.

La historia del “político más popular del planeta”, como alguna vez lo describió Barack Obama, parece salida de una novela. Hijo de padres analfabetos que fueron desplazados por la sequía en el noreste de Brasil, Lula llegó a São Paulo a los 7 años y fue embolador y empleado en una lavandería antes de convertirse en operario metalúrgico a los 20 años, época en la que perdió un dedo de la mano izquierda en un accidente laboral. Convertido en líder sindical, se enfrentó a la dictadura militar y fue a parar a prisión. Más tarde, junto con dirigentes de otras tendencias políticas, lideró el movimiento para el retorno de Brasil a la democracia y en 1989 se lanzó por primera vez a la presidencia.

No obstante su historia, lo que el expresidente no hizo fue lo que el momento del país requería: enfrentarse a la corrupción institucionalizada

Conocí a Lula en 1994, cuando yo escribía para un periódico argentino desde São Paulo y él convocó una rueda de prensa para anunciar que aspiraba por segunda vez a la presidencia. Recuerdo que al volver esa noche a la casa, mi esposo, también periodista, me preguntó qué pensaba del candidato. “Lo que más me sorprende es que todavía esté vivo”, le dije sin una gota de cinismo. Yo venía de presenciar el exterminio sistemático de los integrantes de la Unión Patriótica, y me parecía inconcebible que un líder con esa afiliación política y grado de notoriedad pudiera aspirar a ser presidente sin que le costara la vida. A pesar de ser joven, la democracia en Brasil era lo suficientemente fuerte y madura para abrirle espacio político a una figura del corte de Lula da Silva, y eso me causó una profunda admiración.

La cuarta vez que se lanzó a la presidencia, los brasileños lo eligieron y, en lugar de llevar al país por la senda del más recalcitrante socialismo, como algunos predecían, Lula hizo un gobierno marcado por una prosperidad sin precedentes, durante el cual cerca de 40 millones de sus compatriotas salieron de la pobreza. Lula, que ya era un ícono, se convirtió en un héroe.

Pero, no obstante su historia y su estatura formidables, lo que el expresidente no hizo fue lo que el momento del país requería: enfrentarse a la corrupción institucionalizada que históricamente lo ha infestado. En lugar de eso, Lula actuó como un integrante más de la élite corrupta brasileña, especialista en cuidarse la espalda mientras se turna el saqueo de los cofres públicos. Esa omisión es ahora el triste epílogo para una vida pública que, de otra manera, estaba destinada a las páginas ilustres de los libros de historia.

Es, también, una advertencia para otros políticos del continente que, a medida que las instituciones judiciales de sus países se van fortaleciendo e independizando, pueden verse enfrentados al mismo destino. Tal y como escribió el juez Sergio Moro, citando al inglés Thomas Fuller en el texto de su fallo, “nadie está tan arriba que esté por encima de la ley”.

ADRIANA LA ROTTA

Ya leíste 20 artículos gratis este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido
desde $10.999 al mes.

¿Ya eres suscriptor? Ingresa

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta gratis y pódras disfrutar de:

  • Acceso ilimitado al contenido desde cualquier dispositivo.
  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta gratis y disfruta de acceso ilimitado al contenido, desde tu computador, tableta o teléfono inteligente.

Disfruta del contenido sin límites

CREA UNA CUENTA GRATIS


¿Ya tienes cuenta? INGRESA