Opinión

La prueba

Lo que más frustra es no poder comprobar la inexistencia de Dios y la corrupción de los políticos.

17 de junio 2017 , 12:00 a.m.

Lo que hizo que todos nos fuéramos contra Saúl Cruz no es que se inventara la agresión de un medio de comunicación, sino que por primera vez en la vida los votantes pudimos coger a alguien que trabaja en el Congreso haciendo algo deshonesto. Vivimos indignados porque se roban la plata, faltan a los debates, meten micos, compran votos y demás detalles, pero todo queda en chisme, en el verso que repetimos cuando nos sentimos mal gobernados. Nunca antes habíamos tenido constancia de un hecho deshonesto de alguien de dicha corporación. Y si eso es lo que hacen frente a la cámara de un noticiero, calculen los chancucos que se mandan cuando nadie los ve.

Dicen sus defensores que Cruz quedó muy afectado con el asunto y que es un tipo muy creyente en Dios, como si eso fuera algo bueno. Desde que tengo uso de razón, los candidatos se declaran católicos antes de las elecciones para ganar votos. Lo hacen con humildad y ponen cara de buena gente mientras los noticieros los enfocan comulgando en misa, y vean cómo nos han salido.

Así lo hacía yo en el colegio; camino a la hostia posaba de angelito, y la gente se derretía porque, para qué mentir, de niño era espectacular, y entre eso y mi forma de hablar me comía de cuento a todo el mundo. Luego, en clase hacía dibujos en lugar de tomar notas, le lanzaba tizas al profesor y me hacía el que estudiaba sumergido en los libros cuando en realidad estaba durmiendo, lo que equivale a que un político finja ser honrado y diga que trabaja por el pueblo, pero por detrás adjudique contratos a dedo, infle presupuestos y amañe elecciones.

Mezclar religión y política es peor que manejar con tragos porque, contra lo que se piensa, cualquiera puede ser creyente y un desastre al mismo tiempo. De hecho, muchas veces ambas condiciones van de la mano, por eso lo que más frustra es no poder comprobar la inexistencia de Dios y la corrupción de los políticos, porque quien se enlista en los dos ejércitos queda doblemente blindado en temas imposibles de verificar.

Mezclar religión y política es peor que manejar con tragos porque, contra lo que se piensa, cualquiera puede ser creyente y un desastre al mismo tiempo

Y no se trata de que Cruz sea de un partido u otro, el mal viene de todos lados. Samuel Moreno mira la forma de quedarse con una jugosa pensión de congresista, Hugo Aguilar dice que no tiene plata pero anda en Porsche, y el exgobernador de Córdoba es llamado por tercera vez a audiencia por imputación de cargos, pero él se encuentra en Miami comiendo en Smith & Wollensky, un famoso restaurante de carnes que sale en El diablo viste a la moda, donde Meryl Streep hace de mala. Nada comparable, eso sí, con la maldad de nuestros mandatarios.

Saúl Cruz se encontraba de vacaciones en México cuando redactó la carta en que explicaba el incidente con Noticias Uno, que en realidad ni excusa fue, se trató más bien de una justificación poco clara. Debería irse, pero no va a pasar. Acá nadie se va, todos se tapan para atornillarse al puesto. Por eso, en el caso concreto del subsecretario del Senado, los congresistas salieron a defenderlo y a pedir hasta cárcel para el camarógrafo del noticiero. No faltó el que dijo que de seguir así, iban a terminar siendo masacrados por el Eln. Una vez más, el coco es la guerrilla, y ellos son apenas unas víctimas que trabajan por el pueblo.

Hace poco, la oposición dijo que lanzaría a la presidencia al candidato que propusiera Uribe y, por su parte, el expresidente salió a afirmar que Saúl Cruz era un hombre decente. Curiosa noción de decencia, pero ese no es el punto. Lo cierto es que me gusta soñar con cosas que no van a pasar: Colombia campeón mundial de fútbol, políticos renunciando y Uribe diciendo que su candidato para 2018 es Cruz. Quedarían todos desconcertados, pero, lo tengo claro, igual votarían por él.

ADOLFO ZABLEH DURÁN

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