Opinión

Sensación de chispero

Hay que cuidarse de echar por la calle de en medio, simplificando dictatorialmente las cosas.

10 de agosto 2016 , 07:21 p.m.

La publicación de las encuestas de opinión dejó a los colombianos viendo todo un chispero. No se explicaban cómo y a qué horas se había desatado tal ola de adversas certidumbres, precisamente en torno de los temas neurálgicos de la paz, la reconciliación y el buen gobierno.

Por supuesto, el contraste entre la impresión general y sus expresiones estadísticas no era producto del sombrero de la magia, sino de la contraposición entre el sentir general y el fruto de indagaciones de mercado, al menos en determinado momento. Aun así, no se pasa de las visiones alegres del entorno a las impresiones amargas del conjunto sobre aspectos de palpitante actualidad. Tales las negociaciones con las Farc y la flexibilidad de las posiciones de Gobierno.

Al parecer, la chispa de la inconformidad fue la idea vaga de un plebiscito para refrendar los acuerdos con esa organización subversiva. La carencia o la insuficiencia de elementos de juicio sobre sus exactos alcances han llevado a patinar entre los senderos de la teoría y las ejecuciones concretas en zonas dentro de las cuales se habría de congregar, en los puntos acordados, la tropa dispersa de las Farc, bajo la vigilancia de inspectores de la ONU. Claro indicio de que el movimiento se demuestra andando es el hecho de que las susodichas zonas de concentración se hayan venido delineando sobre el terreno y preparando para su ocupación ulterior.

Cabe reconocer que el propósito de un plebiscito aprobatorio de los acuerdos con las Farc se esbozó y festinó sin haber madurado los intrincados acuerdos entre las partes y sin tenerlos listos para su examen por la opinión pública. Si este era el requisito constitucional indispensable, se ha debido conformar con máximo esmero y anticipación en la medida de lo posible, dejando de lado cualquier brote de dogmatismo y autoritarismo. Por la misma simplicidad del mecanismo, hay que cuidarse de la tendencia a echar por la calle de en medio, simplificando dictatorialmente las cosas y, más todavía, cediendo a la interpretación temeraria de que estos acuerdos se incorporan de suyo al bloque constitucional. Con la consecuencia de poner en estado de alerta a la opinión pública y de crisparle los nervios.

Otro aspecto muy sensible es el de la reforma tributaria, tras los palos de ciego de la también arbitrista del año pasado. Claro es que a la masa de compatriotas no les son indiferentes su orientación e intensidad, particularmente considerando la posibilidad de la duplicación de los gravámenes al estilo de los palos de ciego de la precedente y de la tendencia a “cambiar las cosas cambiándoles los nombres”.

Si otros ángulos se consideran, por ejemplo, la tasa de cambio oscilando hacia arriba o hacia abajo, se encuentra que los movimientos súbitos del mercado no permiten a la economía colombiana actuar dentro de una zona racional de equilibrio, sino estar sujeta a constantes y en veces bruscos vaivenes. Expuesta a la espada de Damocles del déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos, sin saneamiento racional a la vista.

La administración del presidente Juan Manuel Santos empieza a tener el sol a las espaldas. Circunstancia que va a determinar muchos de sus actos y también los de sus críticos. La reciente explosión de inconformidad de las encuestas puede haber tenido origen ahí. El presidente Alfonso López Pumarejo solía referirse al final del primero suyo como alegre atardecer de su gobierno. En todos, anteriores y posteriores, no dejó de tener sello peculiar y características singulares de despedida. El presidente Eduardo Santos hacía hincapié en su convicción de que “gobernar es apurar”.

Finalmente, me siento en el deber de dejar constancia de mi condolencia por el fallecimiento del esclarecido compañero de los primeros años universitarios, Álvaro Castaño Castillo.


Abdón Espinosa Valderrama

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