Opinión

Un año de la firma de la paz

De una bala untada de sangre nació un bolígrafo armado de paz.

24 de noviembre 2017 , 12:00 a.m.

Señor Director:
El proceso de paz en Colombia es el primero que se logra en la vigencia del Estatuto de Roma. El pacto definitivo se dio en el teatro Colón de Bogotá, el 24 de noviembre del 2106, entre el Gobierno y las Farc, guerrilla fundada en 1964.

El presidente Juan Manuel Santos lo logró, y por ello ganó el Premio Nobel de Paz. El balígrafo fue el protagonista en el papel. De una bala untada de sangre nació un bolígrafo armado de paz. Después de un año, la implementación de los acuerdos no ha sido fácil. Todo es nuevo para todos. La JEP (justicia especial para la paz) sigue tropezando en el Congreso a pesar de la aprobación de la Corte Constitucional, donde dejó opciones para hacer cambios. Con las armas entregadas por la guerrilla a Naciones Unidas se erigirán 3 monumentos, en Nueva York –sede de la ONU–, La Habana y Colombia. Reconciliación y unión en este proceso nacional es lo que nos tiene que ocupar ahora y siempre.

- Helena Manrique Romero
Bogotá

Justicia por los niños

Señor Director:
¿No será posible tener aunque sea un trocito de esperanza en que, de acuerdo con las decisiones judiciales y legislativas de la semana pasada, por fin se está abriendo la ventana -aunque sea pequeña- que permita que a quienes los secuestraron, vejaron, violaron, usaron para el terrorismo, asesinaron y desaparecieron se les aplicará la justicia institucional, sin beneficios, al tratarse como son, delitos de lesa humanidad, y haber sido perpetrados contra niños en condiciones de total inocencia e indefensión?

Si tales delitos tienen justicia no politizada, habrá valido su precio la paz, y entonces sí mereceríamos ser considerados internacionalmente un país cuyos niños y niñas sí cuentan y son protegidos integralmente como las semillas de nuestro futuro. Así, y solo así, podremos reconciliarnos con nosotros y entre nosotros mismos. Ojalá esta esperanza no sea vana.

- Ilse Bartels L.

Intervención en los humedales

Señor Director:

En la justificación de la intervención en los humedales bogotanos es no solo desafortunada sino peligrosa la interpretación que considera que no requiere consulta, cuando es una “armonización” de reglamentación a normas superiores. La interpretación no tiene en cuenta lo que la norma dice de “mínimo impacto ambiental”. ¿O considera la Secretaría de Ambiente que el impacto de la desaparición de las especies y cobertura vegetal de estas zonas, como pasó en Juan Amarillo y Jaboque, es de mínimo impacto, o que la instalación de luminarias no tiene efecto en ambientes naturales y su vida silvestre, o que para observar aves no se requieren aves, sino senderos, asientos y el permanente deambular de los bogotanos por estos lugares?

Ya en el humedal de Córdoba, en la primera administración de Peñalosa se había logrado parar esta intervención. Qué tristeza que no seamos capaces de preservar los pocos ambientes que nos quedan y cumplen una función ecosistémica vital para la ciudad, y lo harán aún más a medida que las consecuencias del cambio climático se manifiesten con mayor fuerza.

- Hernán Medina T.

Escríbanos a: opinion@eltiempo.com

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