Opinión

Sobre el caso Santrich

De ningún modo he interpretado esa acogida como aprobación a los crímenes cometidos por él.

16 de mayo 2018 , 12:00 a.m.

Señor Director:
Ante las encontradas opiniones, aun en el mundo clerical, sobre la acogida de Santrich en la sede de una fundación benéfica de la Iglesia católica, que
EL TIEMPO ha destacado, aporto mi análisis.

Aunque he sido crítico de las demasiadas concesiones a las Farc en los acuerdos con el gobierno de Santos, en este caso solo he visto de parte de los directivos eclesiásticos una acción humanitaria encaminada a dar cristiano aporte para tratar de evitar el lento suicidio de ese prisionero como protesta a un juicio que por serias acusaciones se le sigue. De ningún modo he interpretado esa acogida como aprobación a los crímenes cometidos por él y por el grupo armado al que ha pertenecido, sino como colaboración, no exigida sino solicitada por el Gobierno, para tratar de evitar la muerte de quien, como todo humano, merece misericordia, aunque esa posibilidad tampoco ha de aceptarse como chantaje para ampliar unos acuerdos que, aunque discutibles en sus aspectos positivos, hay que salvar y luego, por democráticos caminos enmendar, más adelante.

Serenidad y comprensión necesitamos en estos momentos cruciales en los que hay que trabajar por caminos que lleven a una verdadera paz.

Libardo Ramírez Gómez
Obispo emérito de Garzón

Se quedó solo en negro

Señor Director:
Interesante la columna ‘En blanco y negro’, de Juan Lozano, que tituló ‘San Trich y el episcopado’. Pero únicamente expone y copia los trinos en contra de la decisión de trasladar al exguerrillero a una casona cuyos dueños son religiosos. Por ningún lado informa que también fueron múltiples los trinos que apoyaron esa decisión, en aras de no volver trizas la paz.

Pregunto: ¿un columnista de opinión no tiene la responsabilidad de mostrar las dos caras de la moneda, como es deber de cualquier periodista? Porque, como dice el antetítulo de la mencionada columna, solo mostró lo negro y no lo blanco.

Jairo Hernán Ortega Ortega, M. D.
Bogotá

La muerte de las abejas

Señor Director:
Muy interesante la reflexión de su columnista Heriberto Fiorillo (14-5-2018), ‘¡Por las abejas!’. El suscrito, como poseedor de una pequeña parcela en Santa Rosa de Cabal, se vio obligado a acabar con los panales de abejas. No eran muchas, pero, ante la indiferencia de las autoridades municipales y nacionales que no oyeron las diferentes quejas formuladas a través de este mismo medio, junto con vecinos quedamos impotentes de competir frente a quienes utilizan insecticidas; somos unos pocos que empleamos altamisa, paico, espinacas, apio, ruda y otras plantas que controlan las plagas, que se pueden acabar sin necesidad de insecticidas como la clotianidina, el imidacloprid y el tiametoxam, que no podrán ser utilizados en 28 países del Viejo Continente. ¿Por qué tiene que venir el ejemplo de otros países del mundo para ser oídos?

Ojalá esta pequeña nota sirva para quienes en algún momento creemos que la miel de abejas nos puede ayudar en nuestras empresas del campo; no aremos en el mar.

Ing. Gabriel Vanegas Cantor
Bogotá

Escríbanos a: opinion@eltiempo.com

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