Opinión

Recuerdo de un río limpio

No creo que alcance a nadar en el río, pero no deja de ser un sueño fabuloso.

04 de octubre 2017 , 12:00 a.m.

Señor Director:

A propósito de poder nadar en un futuro en el río Bogotá, recuerdo que por los años de 1950 con la familia paseábamos sus orillas en un sector que hoy pertenece al club El Rincón; comíamos piquete y, con una vara de bambú de tres metros, flotador y anzuelo con gusano, pescábamos capitán, y un canasto con carne amarrada en el fondo y una piedra como lastre se llenaba de cangrejos después de un par de horas de dejarlo en el fondo del agua.

Hasta que, a mediados de 1952, presenciamos el desastre ecológico que significó el primer derrame de las aguas residuales de la Planta de Soda de Zipaquirá, recién inaugurada. Los peces, envenenados, brotaban en la superficie, y la pesca, el color y el olor del río cambiaron para siempre. Y cada vez es peor. No creo que alcance a nadar en el río, pero no deja de ser un sueño fabuloso.

- Alberto Carrizosa Alajmo

* * * *

Señor Director:

Qué bueno que dentro de 8 años podamos nadar en el río Bogotá. Pero también que mientras tanto el alcalde Peñalosa acelere la solución de los grandes problemas que agobian el diario vivir de los capitalinos, prioritariamente en materia de seguridad, transporte urbano y mantenimiento vial. Es paradójico que mientras se planean monumentales inversiones en nuevos proyectos, no se conserve debidamente la infraestructura existente. No es razonable que al TransMilenio, hoy colapsado y deteriorado, le quieran ‘embutir’ más gente extendiendo a todo el día el pico y placa. Tampoco, que después de más de un año aún continúen los separadores plásticos (hoy también destartalados) que pusieron en la autopista Norte, sentido sur-norte, a la altura de las estaciones de TransMilenio de la calle 146 y de Toberín, sin haberse corregido las fallas de diseño y construcción causantes de la alta accidentalidad, embotellamiento y congestión vehicular en esos tramos. ¿Hasta cuándo lo más urgente?

- Luis Iván Perdomo Cerquera

¿Nadie detectó las armas?

Señor Director:

Hubo tremenda negligencia en la observancia de las medidas de seguridad en el hotel Mandalay Bay de Las Vegas. No es posible que el asesino, Stephen Paddock (de 64 años), haya podido introducir 11 armas largas y pesadas con más de mil cartuchos hasta su habitación en el piso 32 de este hotel, que se supone tiene instaladas y en funcionamiento las últimas tecnologías y equipos de seguridad detectores de todo. Las camareras, durante tres días en que el individuo estuvo hospedado, han debido detectar el arsenal, imposible de ocultar en una habitación de hotel. Esta horrenda masacre de 59 seres inocentes y 527 heridos hubiera podido evitarse si la seguridad del hotel, toda en conjunto, no hubiese sido negligente. Por su parte, el Gobierno debe prohibir el libre comercio de rifles de asalto, como el utilizado por este monstruo en su accionar diabólico, para no permitir ni facilitar que un hecho así vuelva a ocurrir, ni allí ni en ninguna parte del mundo.

Fabio A. Ribero Uribe
Socorro, Santander

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