Opinión

Otro monstruo ataca a los menores

Acompañemos a nuestros niños y jóvenes; no los dejemos solos, los depredadores no descansan.

27 de abril 2017 , 12:00 a.m.

Señor Director:
Sí, tienen toda la razón cuando dicen en el editorial que “los monstruos que atacan a la infancia se multiplican”.

Pero no solo la primera infancia se encuentra en peligro ante la proliferación y propagación de esta plaga de abusadores y depravados que la acechan, sino que para esta clase de engendros, los jóvenes también son uno de sus blancos favoritos.

Desde hace algún tiempo aparece en la red un macabro juego, dicen que ideado por unos rusos; seguramente para la mente enferma y morbosa de estos personajes será un placer y un deleite ver a sus frágiles víctimas –a quienes han provocado con absurdos y escalofriantes retos, durante 50 días– construir el cadalso para su suicidio.

He ahí otro monstruo que ataca, se llama la Ballena Azul. Acompañemos a nuestros niños y jóvenes; no los dejemos solos, los depredadores no descansan. La familia unida y bien acorazada los tiene que exterminar.

Luis León Galeano Garavito
Bogotá

Abuso sexual contra los niños

Señor Director:

Siento impotencia, rabia y dolor cuando veo, una vez más, las noticias sobre abuso sexual contra niños, y me siento peor al advertir que se crea que la solución se reduce a aumentar las condenas de los violadores.

Dice la directora del ICBF que el 87 por ciento de los casos de violencia sexual contra los niños ocurre en sus casas y que en el 95 por ciento de crímenes los agresores son personas cercanas a los niños. Entonces, parece claro que la política del ICBF de reintegrar apresuradamente a los niños vulnerados o vulnerables a sus casas, o confiarlos como recogidos a cualquier miembro de su familia extensa, no es una política adecuada. Lo lógico es sacarlos de esas casas y buscarles un hogar en donde realmente se protejan sus derechos. La interpretación equivocada del significado del derecho fundamental de los niños “de tener una familia y no ser separados de ella” está llevando en numerosos casos a perpetuar el abuso.

Los niños necesitan una familia que no solo les garantice sus derechos, sino que les permita crear lazos afectivos y desarrollar su autoestima. Si la familia de origen no les garantiza esto, pueden encontrarlo en otra, por medio de la adopción.

Sin embargo, desde hace años, la opción de la adopción enfrenta todo tipo de tropiezos. Los niños que necesitan una familia garante de sus derechos siguen esperándola, a pesar de que, según las estadísticas del ICBF, a 31 de diciembre de 2016 había 1.724 familias en lista de espera para adoptar. ¡Algunas están esperando desde hace más de 10 años! Mientras tanto, miles de niños vulnerables o vulnerados son violados e incluso asesinados.

Comparto la propuesta de incrementar las condenas a los abusadores, pero lamento que a esto se le preste toda la atención. Sigue siendo lo esencial procurarles una familia idónea a los niños que no la tienen.

Olga María Velásquez de Bernal
Bogotá

Escríbanos a: opinion@eltiempo.com

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