Opinión

Militares en la JEP

En la mayoría de los casos se estaría obligando a confesar lo que no se ha cometido.

11 de julio 2018 , 12:00 a.m.

Señor Director:
La JEP busca la confesión de delitos, lo que, para el caso de las desmovilizadas Farc, es apenas normal, pues su origen es ilícito y sus actuaciones en contra del Estado son delitos.

Ahora, es apenas lógico que a quien cometió un delito de lesa humanidad su actuación le sea castigada con penas que, para el caso del proceso de paz, se tasaron en 5 años. No importa que no estén tras cuatro barrotes. Y, para no hacer “trizas” los acuerdos, es bueno aceptar la no sanción para los exguerrilleros de base, pues sus actuaciones obedecían a lo ordenado por el secretariado a sus jefes de frente.

Lo que no es entendible, entonces, es que la JEP se les aplique a los militares y policías, porque en la mayoría de los casos no hay una responsabilidad y se estaría obligando a confesar lo que no se ha cometido, lo cual no cabría en los códigos, pero sí en la situación de algunos militares desesperados por su detención y que estarían dispuestos a decir lo que fuera para salir de prisión.

Todos los militares que están sindicados y condenados han pagado prisión; muchos, más de 5 años, y muchos otros, esperando completarlos para salir.

Visto lo anterior, es muy injusto lo que se les quiere aplicar a los militares y policías, que, en últimas, son los originadores del proceso de paz.

Ricardo García Ch.

Impunidad disfrazada

Señor Director:
Para una ciudadana en cuyo corazón palpitan los de miles de niñas y niños que secuestraron, robándoles su derecho a la infancia, estudio, juegos, hogar; niños que violaron, usaron como carne de cañón, esclavizaron, vejaron, ajusticiaron y desaparecieron las diferentes bandas terroristas, sin que ni siquiera se conozca la ubicación de las fosas donde están sus restos, como tampoco la ‘suerte’ de los sobrevivientes todavía en su poder, ¿cómo se hace para entender y aceptar que a sus verdugos, implicados en crímenes de lesa humanidad, les estén obsequiando el arma letal de la impunidad disfrazada de justicia; y a sus directos responsables o comandantes, curules, sueldos millonarios, seguridad y una vida tranquila, sin sobresaltos, al contar con salud, pensión y nivel de vida estrato 6? ¿Qué pasa si no se puede ni se quiere entender que esto sea ‘justicia’ y ‘paz’?

Ilse Bartels L.

Un nuncio popular

Señor Director:
Leí en EL TIEMPO la noticia de que el actual diplomático que representa al Papa en Colombia fue nombrado en un país africano, y, como se trata de importantes funcionarios vaticanos domiciliados en Bogotá, vale la pena la ingeniosa anécdota de un popular nuncio que a principios de siglo sacó de apuros a su amigo el presidente del Quinquenio, afanado por lograr la renuncia de su vicepresidente, un imponente general godo, veterano de la guerra de los Mil Días, que finalmente se retiró cuando el nuncio le dijo: “General, usted le prometió a la Virgen ser casto para siempre si derrotaba a los liberales en Capitanejo, Santander. Así fue. Y ahora lo absuelvo de este terrible compromiso”.

Anoto que en el Hospital San José, en Bogotá, existe el pabellón Ragonesi, en homenaje al apellido de este nuncio benefactor de esa institución médica.

Miguel Roberto Forero García

Escríbanos a: opinion@eltiempo.com

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