Opinión

Campanzo de alerta

Se impone, entonces, que los ricos dejen de enriquecerse y vuelvan sus ojos al pueblo.

04 de julio 2018 , 12:00 a.m.

Señor Director:
El resultado electoral debe servir para que los potentados que rigen el destino del país mermen su voraz ambición de llenarse de dinero sacrificando al pueblo, cuyos ingresos son muy precarios.

El enorme caudal de votos en favor del candidato de izquierda socialista resulta ser un campanazo de alerta sobre la proximidad de convertirnos en otra Venezuela, lo cual para los ricos no causaría problemas, porque desde ahora tienen sus capitales en el exterior, pero sí para los pobres, que nos quedaríamos padeciendo necesidades de todo tipo. Los bajos salarios, tanto en modestos trabajadores como en profesionales de altas universidades, han traído grandes problemas y generado modificaciones en nuestra cultura tradicional, teniendo como ejemplo el que miles de jóvenes no pueden conformar un hogar decente y a ultranza porque sus ingresos se lo impiden.

Arrendamientos altos, servicios públicos altos, universidades privadas impagables, internet y TV altos, gasolina costosa, cuotas de administración elevadas, medicina prepagada de alto costo, IVA de 19 por ciento, mercados comestible y de aseo personal carísimos, y muchos otros rubros, jamás se pueden pagar con los pobres sueldos de una pareja de recién casados, menos si encargan bebés, porque entonces la cosa se pone fulera.

Se impone, entonces, que los ricos dejen de enriquecerse y vuelvan sus ojos al pueblo, adoptando políticas y proyectos que alivien su carga de gastos. De lo contrario, y como vamos, en pocos años el devorador ensanchamiento socialista, orquestado desde el exterior, nos arropará con las consecuencias que ya vemos en nuestras propias barbas.

Héctor-Bruno Fernández Gómez

Una consulta no acabará la inmoralidad

Señor Director:
Estoy absolutamente seguro de que somos muchas las personas que estamos plenamente identificadas y, en consecuencia, de acuerdo en que una consulta popular no es el camino para eliminar la inmoralidad que se presenta en el país ni en ningún Estado del mundo.

Concretamente, la inmoralidad no se acabará con decretos o leyes, y mucho menos consultando al pueblo mediante votación.

Para que en el país se acabe la corrupción, en primer lugar, habrá que coadyuvar a mejorar la educación para las generaciones venideras.

Estudiosos de la corrupción han coincidido, como causas principales de esta práctica, en la carencia de una conciencia social, falta de educación o de una cultura del compromiso, paradigmas distorsionados y negativos, personalidades antisociales y megalomanía, percepción sesgada del grado de corrupción presente e infravaloración de la posibilidad de ser descubierto.

La corrupción se podría eliminar con castigo más severo para quien incurra en este delito y penas drásticas y la obligatoriedad, para quien la practique, de devolver todo lo recibido ilegalmente.

Es que, tal y como lo aseveró el connotado escritor francés Montesquieu, “la ley debe ser como la muerte, que no exceptúa a nadie”.

Jorge Enrique Giraldo Acevedo
Íquira, Huila

Escríbanos a: opinion@eltiempo.com

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