Venezuela

El desastre que genera la huida masiva de venezolanos

Un día de trabajo en Colombia equivale a unos 4 salarios mínimos mensuales allá.

Escasez de medicamentos en Venezuela

Los hospitales venezolanos presentaron el año pasado 78 por ciento de escasez en medicamentos.

Foto:

Carlos García Rawlins / Reuters

12 de febrero 2018 , 09:30 a.m.

Venezuela no era un país de emigrantes. Durante años fue una nación receptora de extranjeros, como portugueses, italianos y, desde los años 70, colombianos, quienes veían en su alto nivel de vida un lugar ideal para volver a empezar. Venezuela saudí, la llamaban.

Pero desde que llegó al poder Hugo Chávez (1999), y particularmente durante los cinco años de gobierno de Nicolás Maduro, esta situación se ha revertido dramáticamente.

Venezuela es hoy una de las principales fuentes de emigración en el mundo por razones sobrediagnosticadas que pasan por la pobreza (82 por ciento); la inflación (2.600 por ciento en 2017); el desabastecimiento de alimentos, productos básicos y medicinas (78 por ciento de escasez en medicamentos en hospitales, según la organización Médicos por la Salud); la violencia y la confrontación política, entre otras muchas.

En el 2017, según el Observatorio Venezolano de Violencia, el país se ubicó como el segundo más peligroso del mundo y registró 26.616 muertes violentas. De ellas, 5.335 a manos de la Policía y otros cuerpos de seguridad.

Más de 4 millones de venezolanos han salido del país, una estimación que hacen académicos y estudiosos, no así el Gobierno, que no suministra datos oficiales. Tal vez, porque como le dijo a EL TIEMPO Tomás Páez, del Observatorio Hannah Arendt, “el 97 por ciento de las emigraciones en Venezuela datan de los últimos 18 años”. Con una evidente y fuerte aceleración en los últimos tiempos.

El número, altísimo en sí mismo, toma un cariz más dramático cuando se compara, por ejemplo, y guardadas las proporciones, con los desplazados que ha dejado la guerra civil en Siria: poco más de 5 millones desde enero del 2011.

“Este es un fenómeno que no ha tenido comparación en la historia de América Latina –asegura Carlos Malamud, del Instituto Elcano de España–. Hubo migraciones importantes y exilios en época de las dictaduras militares, o en crisis económicas y fenómenos como el conflicto armado en Colombia, pero no llegaron a cifras como las de Venezuela”.

Un reciente estudio de Consultores 21, una reconocida firma de medición de opinión pública en Venezuela, brinda datos más esclarecedores: el promedio de personas emigradas por familia llega a 1,97. El porcentaje de familias que tienen un miembro emigrante es del 29. El 40 por ciento de los venezolanos quiere irse, particularmente los más jóvenes.

“Hay que emigrar para sobrevivir. No hay otra opción a corto plazo”, dice desde España Alfonzo Ianucci, director de la iniciativa Diáspora Venezolana. “La emigración es algo nuevo para nosotros. No tenemos cultura de emigración. Muchas dudas, incertidumbre”.

Más allá de consideraciones políticas o humanitarias, la cuestión económica es la que más pesa. Lo explica Solange, una ingeniera civil que es mesera en una cigarrería en Bogotá: “Le acabo de enviar 40.000 pesos a mi madre en Venezuela, que es lo que me pagan a diario por un turno. Hago la transferencia y ella recibe 3,2 millones de bolívares, dependiendo de cómo esté el dólar. El salario mínimo allá está en unos 798.000 bolívares. Es decir, por un día de mi trabajo, mi madre recibe unos 4 salarios mínimos mensuales”, dice. Pero lo dramático es que con esos 3,2 millones de bolívares, una persona solo puede acceder, aproximadamente, a tres desayunos y un almuerzo (corrientes).

Por cuenta de la inflación y otras facetas de la crisis, tres dólares son un salario mínimo en Venezuela y siete de cada 10 personas están desempleadas o viven en la informalidad.

Ante este panorama, la alternativa obvia es irse. Y Colombia es el principal punto de recepción y de paso; un punto donde se puede ahorrar algo para seguir el viaje, por ejemplo. “Hasta 2015, el principal destino era Estados Unidos; luego, España y Colombia, pero la crisis ha hecho que Colombia sea ahora el primer destino”, dice Páez.

Además de la cercanía, los venezolanos tienen en cuenta otros factores para decidir dónde ir: la legislación migratoria de los países, la percepción que hay sobre el mercado laboral, la homologación de títulos universitarios y, finalmente, los ahorros, para definir si se puede viajar en avión a Europa o EE. UU., cuyos tiquetes son muy costosos.

“Nuestro destino fue Perú, porque habíamos escuchado que en Ecuador no había muchas oportunidades laborales. Fueron cinco días de viaje y 160 dólares”, contó a este diario Emely Mota, vicepresidenta de la ONG Fuerza Venezolana en Acción.

Sin embargo, Ecuador tiene ventajas, entre ellas un convenio de visa de trabajo de un año de duración, renovable una sola vez. El problema es que cuesta unos 550 dólares.

En Perú, por contra, el permiso temporal de permanencia solo cuesta 13 dólares y permite trabajar y estudiar por un año. No es renovable, pero luego se puede optar a una residencia.

Pero la mayoría mira al sur: Chile recibió 32.809 peticiones de visa en la primera mitad del 2017 y a Argentina más de 44.000 entre 2016 y 2017. ¿La razón? Mejores oportunidades de trabajo y mejores ingresos.

Según Vincenzo Pensa, director de la Asociación de Venezolanos en Argentina, el trabajo es un factor determinante: “En Argentina, solo con antecedentes penales y pasaporte se saca un permiso en 20 minutos”. No como en Panamá, que exige visa a los venezolanos, la cual ha sido denegada 40,7 por ciento de las veces.

Otra de las ventajas que ofrece Argentina, para Pensa, es que los venezolanos aún no representan una amenaza de crisis humanitaria y hay oportunidades de trabajo, lo cual también es la razón principal por la que migran a Chile, según dijo a la BBC la analista del Departamento de Extranjería chileno Silvia Dittborn.

La vía terrestre no es la única. También está el mar rumbo a Aruba o Curazao. Sin embargo, en enero, un barco que se dirigía hacia allá naufragó con al menos 30 balseros. Se rescataron 5 cadáveres, lo que le da otra dimensión al drama.


Migrar significa dejar una vida entera atrás. Desde su exilio español, la periodista Linda D’Ambrosio asegura que a Maduro le conviene que la gente se vaya, pues “son millones de bocas menos que alimentar” –y millones de votos menos para la oposición, pensarán otros–, y resume dolorosamente que uno de los principales desafíos para el inmigrante venezolano es la “imposibilidad del retorno”: “No podríamos volver aunque quisiéramos. El país que conocimos desapareció”.

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CAMILA GRANADOS PÉREZ
Redacción Internacional

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