Medio Oriente

La vanidad que puede poner fin al gobierno Netanyahu

La obsesión del líder derechista para pasar a la historia terminó en procesos por corrupción.

Benjamin Netanyahu

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, en un evento junto a su esposa, Sara, quien también está en la mira de la justicia.

Foto:

Flavio Lo Scalzo / Reuters

22 de febrero 2018 , 10:24 p.m.

La prensa en Israel lleva años hablando de la obsesión con los medios del primer ministro, Benjamin Netanyahu, y de su énfasis en ser retratado bajo la mejor luz posible, un rasgo de vanidad que, de confirmarse los casos de corrupción que lo persiguen, podría haber cavado su tumba política.

Dos cercanos colaboradores del jefe del Gobierno y uno de sus amigos, el millonario y magnate de la comunicación Shaul Elovitch, han sido detenidos bajo sospecha de ofrecer una cobertura halagadora de él y su esposa, Sara, en la web de noticias Walla, a cambio de favorecer a la empresa de este, la telefónica Bezeq.

Editores y reporteros de Walla han declarado que fueron presionados durante años “desde arriba” para hacer noticias positivas sobre la pareja, en un período en que el primer ministro ostentó también la cartera de Comunicaciones, antes de ser forzado a abandonarla.

En otra investigación distinta, el llamado caso 1000, la Policía ha recomendado que se impute a Netanyahu por un intento de pactar con el dueño del diario Yediot Aharonot, Arnon Mozes, una cobertura beneficiosa a cambio de dañar con iniciativas legislativas la distribución del periódico rival, el gratuito Israel Hayom. Existen cintas grabadas de la negociación, aunque Bibi (apodo de Netanyahu) ha asegurado que no pretendía llevar el pacto a efecto.

Yair Lapid, rival de Netanyahu, experiodista y jefe del partido Yesh Atid, denunció el lunes las supuestas relaciones de intercambio de favores del primer ministro con millonarios, “derivadas solo de una cosa: su peculiar obsesión con lo que se escribe sobre él”.

El también opositor y jefe del laborismo, Avi Gabai, condenó asimismo su “enfermiza obsesión por el qué dirán y qué van a escribir los medios sobre él”, informó el martes el diario Maariv.

Debilidad por la historia

En una columna en el Yediot Aharonot, el historiador y exasesor de Netanyahu Yoaz Hendel asegura encontrar solo una explicación a los escándalos de manipulación de los medios: “Las páginas de historia. Netanyahu tiene una perspectiva a largo plazo” y entiende que no son los votantes los que escriben la historia, sino historiadores, como su padre (al que admiraba enormemente).

Impresionar a la élite cultural que escribe la historia es, a su entender, lo que lo lleva a tratar de influir cómo su imagen se refleja en los medios, afirma Hendel, quien añade que “ese es el absurdo: su debilidad por la historia es lo que le puede costar el modo en que será recordado por la historia”. En los 80, Netanyahu se destacó como político, entre otras características, por su facilidad para lidiar con los medios de comunicación, su ágil manejo de los tiempos, de la dialéctica pública, su excelente inglés con acento estadounidense y su buen hacer ante las cámaras.

“Es uno de los operadores políticos y publicistas más consumados no solo en la política israelí, sino en cualquier democracia moderna. No necesitaba entrar en lo que la Policía ha llamado ‘una relación con sobornos’ con el editor Arnon Mozes, en la triste esperanza de recibir cobertura favorable”, criticó recientemente el periodista de Haaretz Anshel Pfefer.

Mala relación con la prensa

Este atribuye su fijación con los medios a la mala relación de Bibi con la prensa tras la firma de los Acuerdos de Oslo, en 1993, y el asesinato del primer ministro, en 1995, de la que cree que “nunca se recuperó”.

En la última década, Netanyahu ha contado con el apoyo incondicional y la declarada admiración del Israel Hayom, un diario gratuito financiado por el millonario estadounidense Sheldon Adelson que se ha convertido en el más leído del país; pero si las acusaciones resultan ciertas, parece que no le bastaba con esto.

En un artículo de 2016, Haaretz ya denunciaba al “obsesivo, paranoico primer ministro cuyo objetivo real es controlar por completo una prensa debilitada que le canta sus alabanzas”.

“Netanyahu es visto como alguien que busca unos medios obedientes que no miren hacia las investigaciones policiales contra él o su esposa (...). Quiere que los medios reconozcan su grandeza”, afirmaba el artículo firmado por Gidi Weitz y Nati Tucker sobre el primer ministro, en aquellos momentos embarcado en una reforma del mercado de las comunicaciones y de los medios públicos.

Varios colaboradores de Netanyahu han relatado a los medios cómo este atribuyó su fracaso en las elecciones de 1999 (en las que perdió la jefatura del Gobierno) a “no haber tenido un periódico” y ha reiterado su deseo de “tener su propio medio”.

Los supuestos intentos de acercarse cada vez más a eso han llevado finalmente a manchar su imagen pública y amenazan incluso con hacerle perder su puesto.

ANA CÁRDENES
EFE

Testimonio de cercano asesor puede ser la clave en procesos

Shlomo Filber, exdirector general del Ministerio de Comunicaciones y antiguo y muy cercano colaborador del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, lo inculpó en el caso Bezeq, tras firmar un pacto con la Fiscalía para ser testigo del Estado, según informaron medios locales.

Filber manifestó en los interrogatorios que actuó por orden de Netanyahu en el denominado caso 4000, en el que se investiga si se otorgaron favores millonarios al gigante telefónico Bezeq a cambio de cobertura favorable al primer ministro y su esposa por el popular medio digital Walla.

Shlomo Filber

Shlomo Filber, en la Corte de Magistrados durante su prisión preventiva en Tel Aviv (Israel).

Foto:

Stringer / Reuters

El Canal 2 de noticias filtró la noche del miércoles las supuestas confesiones de Filber a los investigadores, en las que este afirmó que el jefe del Ejecutivo le ordenó favorecer a Bezeq con normativas y decisiones, informó Haaretz.

“Cumplí instrucciones explícitas de Netanyahu. No participé en ellas. Recibí instrucciones detalladas de él. Él me dejó claro de quién tenía que ocuparme y cómo. No quiero obstruir la investigación y he dado un testimonio muy detallado”, dijo Filber a la Fiscalía.

“Me doy cuenta de que (me ofreció el cargo de director general de Comunicaciones) para ser un peón, que fui elegido para ello, fui un rehén. Envié borradores de documentos a Bezeq: ellos los revisaban, escribían su opinión, y yo seguía órdenes”, declaró.

El diario Yediot Aharonot aseguró este jueves que el testimonio de Filber se consiguió después de que los detectives le pusieron unas grabaciones de conversaciones entre Shaul Elovitch y el director de Walla, Ilan Yeshua, instruyéndolo para hacer una cobertura favorable a la pareja Netanyahu.

Por su parte, el periódico israelí Maariv añade que Filber informó también sobre un incidente en el que Netanyahu recibió un reloj de regalo del entonces jefe del Gobierno italiano, Silvio Berlusconi, valorado en 6.000 euros, y que informó oficialmente sobre este, lo cual, según él, provocó la ira de la esposa del primer ministro, Sara, y su despido del puesto dos semanas más tarde.

Este cercano colaborador de Netanyahu también proporcionará información sobre los otros dos casos en los que se investiga al primer ministro.

“Filber es el más cercano y el más íntimo de los agentes a cargo de las operaciones ocultas que Netanyahu ha tenido desde hace generaciones (...)”, añade el periodista Ben Caspit, de Maariv.

Además, Filber es uno de los siete detenidos el domingo pasado en el caso Bezeq, junto con Elovitch; su esposa, Iris ,y su hijo Or, con la directora ejecutiva de Bezeq, Stella Handler; otro alto cargo de la empresa, Amikam Shorer y el que fuera relacionista público de Netanyahu Nir Hefetz.

La oficina del primer ministro ha vuelto a negar todas las acusaciones y su implicación en ilegalidad alguna.

El primer ministro Netanyahu atribuye las “falsas acusaciones” a una “campaña de persecución” durante años y asegura que “todas las decisiones que se tomaron en Bezeq fueron hechas por comités, por profesionales, bajo estricta supervisión legal” y de forma “transparente y controlada”.

Mientras aumentan los llamamientos a su dimisión, entre los miembros de la oposición y los socios claves en la coalición de Gobierno han reafirmado que mantendrán su apoyo mientras no sea imputado o declarado culpable.

EFE

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